Artículo de investigación

La fotografía, medio para rescatar el valor cultural en los territorios golpeados por el conflicto

Photography as a means of rescuing the cultural value of conflict-affected territories

Fotografia como forma de resgatar o valor cultural dos territórios afetados pelo conflito

Recibido: 9 de junio de 2019
Aceptado: 21 de junio de 2020
Publicado: 29 de junio de 2020
ISSN: 1692-5688 | eISSN: 2590-8057

Héctor Mauricio Gómez Mora
hector.gomez@upb.edu.co
Magíster en Comunicación Digital de la Universidad Pontifica Bolivariana, seccional Medellín. Docente de la Universidad Pontificia Bolivariana, seccional Bucaramanga, Colombia.

Arley Loaiza Soto
arley.2016.loaiza@gmail.com
Estudiante de último año de Comunicación Social-Periodismo, Universidad Pontificia Bolivariana seccional Bucaramanga.

Blanca Aracely López Rueda
aracely.lopez@upb.edu.co
Joven investigadora del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Colombia. Docente de la Facultad Universidad Pontificia Bolivariana, seccional Bucaramanga. Estudiante de la maestría en Interculturalidad Desarollo y Paz Territorial, Pontificia Universidad Javeriana.

Cómo citar: Gómez Mora, H. M., Loaiza Soto, A. y López Rueda, B. A. (2020). «La fotografía, medio para rescatar el valor cultural en los territorios golpeados por el conflicto». Mediaciones, 24 (16). 110-126. http://dx.doi.org/10.26620/uniminuto.mediaciones.16.24.2020.110-126.

Artículo derivado del macroproyecto Reconstruir lo que se perdió a través de un caso de memoria histórica en el Departamento de Santander. Esta etapa, Pescando historias. Memorias de un llanitero, en el corregimiento El Llanito, municipio de Barrancabermeja, fue financiada con recursos del Ministerio de Ciencia y Tecnología, a través de la convocatoria 812 del 2018 para jóvenes investigadores e innovadores por la paz, y de la Universidad Pontificia Bolivariana, seccional Bucaramanga. Consecuentemente, los autores declaran no estar incursos en ninguna clase de conflicto de interés.


Resumen

El artículo expone la experiencia de investigación-acción y educomunicación en el corregimiento de El Llanito, adscrito al municipio de Barrancabermeja, en el nororiente de Colombia, donde el uso de la fotografía entre jóvenes y adolescentes locales activa la memoria colectiva y estimula el diálogo afirmativo alrededor de la propia identidad, con lo que se busca restaurar la solidaridad y, así, consolidar la capacidad de resistencia de las nuevas generaciones frente a una violencia histórica e irregular, persistente y al servicio de la instauración de un emergente orden productivo adverso a las formas de economía tradicionales en el territorio.

Palabras clave: fotografía, territorio, adolescentes, jóvenes, cultura, identidad, memoria, apropiación.

Abstract

The article presents the experience of action-research and educommunication in the village of El Llanito, attached to the municipality of Barrancabermeja, in northeastern Colombia, where the use of photography among local youth and adolescents activates collective memory and stimulates affirmative dialogue about the identity itself, with which it seeks to restore solidarity and, thus, consolidate the capacity of resistance of the new generations against of a historical and irregular violence, persistent and at the service of the establishment of a new productive order adverse to the traditional forms of economy in the territory.

Keywords: photography, territory, teenagers, youth, culture, identity, memory, appropriation.

Resumo

O artigo apresenta a experiência da pesquisa-ação e da educomunicação na aldeia El Llanito, no município de Barrancabermeja, no nordeste da Colômbia, onde o uso da fotografia entre jovens e adolescentes locais ativa a memória coletiva e estimula o diálogo afirmativo. em torno da própria identidade, com a qual procura restabelecer a solidariedade e, assim, consolidar a capacidade de resistência das novas gerações face a uma violência histórica e irregular, persistente e ao serviço da instauração de uma ordem produtiva emergente adversa à formas tradicionais de economia do território.

Palavras chave: fotografia, território, adolescentes, juventude, cultura, identidade, memória, apropriação.


Introducción

Desde sus orígenes, la cámara fotográfica ha sido entendida como lo que técnicamente es: un aparato fotosensible con la capacidad de extraer fragmentos de la realidad, que, convertidos en imágenes, intervienen en las sociedades en forma de mensajes visuales que, a los ojos de los espectadores, resultan ser una fuente inagotable de discursos narrativos sobre personas, objetos, lugares, hechos y situaciones concretas. Desde esta perspectiva, la fotografía, sea en soporte digital o sea en papel, termina siendo testigo de la realidad y, por tanto, registro de la memoria misma.

Si a lo anterior se agrega que la producción de una fotografía no depende de la experticia de un ojo y en virtud de la cual goza de legitimidad para hacerla, el abanico de posibilidades frente a sus usos se amplía y no resulta descabellado considerarla como un medio propicio para llevar a cabo procesos en los cuales se abran espacios para que las comunidades observen a través del lente la cotidianidad de los lugares que habitan, pero ahora con «nuevos ojos». Desde luego, no se trata en este caso de un cambio anatómico ni funcional del sentido de la vista del observador, sino más bien de la resignificación de aquello que se suele ver, lo que ya se conoce, porque diariamente se está en contacto con esos objetos, esos paisajes y esas personas. De esta manera, el uso de la fotografía es el pretexto para dejarse sorprender de nuevo por la riqueza cultural, ambiental y social propia de un territorio determinado.

En estos casos, la herramienta es solo un detonante a partir del cual se pueden reconocer las múltiples formas desde las cuales un territorio se erige como diverso. Dentro del eje central de esta perspectiva, el punto de vista del observador juega un papel fundamental, pues se encarga de escoger ese fragmento de la realidad que quiere comunicar, hacer imagen. En todo caso, su mirada no es inocente: los planos, los ángulos y la composición general de la foto narran el espacio de formas distintas. Esto mismo sucede con la carga cultural y el universo de sentidos que lleva consigo quien observa la fotografía. Las dos perspectivas se cruzan, la del fotógrafo, primer observador de la realidad, y la del observador de esa realidad, en posición secundaria, a través de la imagen del fotógrafo, razón por la cual en el significado de la imagen recae el peso de esas dos cosmovisiones y sus marcos de interpretación.

En consonancia con ello, en su análisis de las ideas formuladas por Philippe Dubois (1986) y Jacques Aumont (1982), Helida Ordoñez (2019) alude a la fotografía, antes que como una reproducción de la realidad, como:

La grabación de una situación luminosa en lugares y momentos determinados, esa es la huella de la acción de la luz. Fotografiar es seleccionar estas huellas de manera consciente con la clara intención de obtener un rastro-memoria: una imagen indexal (Ordóñez, H., p. 44).
Las fotografías, como las palabras, se convierten en símbolos de las sociedades, ya que son las imágenes o los textos los artefactos que sobreviven al tiempo y siguen su curso de generación en generación, narrando a los pueblos su historia, sus travesías y sus peripecias. Como depósito de la memoria que es, la fotografía suele ser retrospectiva, por lo cual es inevitable que ella conlleve un halo de nostalgia, una evocación de lo que fue y un reconocimiento de lo que se observa, una concienciación de los cambios, lo que explica por qué «la foto no es testimonio de lo que muestra, sino de que eso que se muestra existió, pero con un significado que siempre queda pendiente» (Silva, A., 1995, p. 28).

Como entidades físicas, los territorios son como el cuerpo de los seres humanos. Así, la fotografía testimonia las marcas que sobre esa superficie van quedando. Por ello, las comunidades que en la actualidad se acercan a la imagen para observar sus espacios pueden cuestionar cómo estos se han transformado, quienes lo habitan o cómo se ha ido expandiendo. Ya sea que se revisen los archivos o que cada día se tome una foto sobre el mismo objeto y en determinado momento se repase la secuencia resultante, esa imagen detona en las personas la interpretación, la reflexión y por consiguiente el diálogo. De alguna forma, la fotografía evoca el habla y escarba en la memoria por posibles significados y explicaciones.

Como se ha dicho, la fotografía es memoria tanto individual como colectiva. Consecuentemente, en las imágenes se conserva la historia de los pueblos; es claro que no de todos los sucesos, pero por lo menos sí de hechos concretos que, al mirarse en retrospectiva, pueden revelar cambios sustanciales en la organización territorial, en la distribución y uso de los recursos naturales y en la forma como se van tejiendo los lazos comunitarios que a lo largo del tiempo posicionan el referido lugar en el imaginario social. Desde esta perspectiva, la fotografía parece ser ese elemento que atraviesa la relación entre las personas y los territorios, lo que en palabras de Armando Silva (1995), no es otra cosa que la mediación de la memoria, pues esta «se relaciona con la foto en su esencia de recuerdo visual, a su vez todo recuerdo y toda imagen que ha pasado por mi cuerpo o mi mente, constituye una modalidad activa territorial» (p. 28).

En ese sentido, la comprensión del territorio no puede darse sólo en términos de una definición geográfica, pues este, más allá de los límites espacio-temporales, termina siendo una construcción social; así mismo. La fotografía, como imagen aislada, no tiene mayores implicaciones, dado que su sentido florece en el momento en que un observador se relaciona con ella, lo que en consecuencia deriva en una interpretación, lo que Dubois (1986) reconoce como la dimensión social de la fotografía, no limitada solo a la captura hecha por su fotógrafo sino en relación con un otro, ese que, al percibir la imagen, está en condiciones de elaborar sus propias lecturas respecto a lo que ve. De allí que Silva (1995), con fundamento en lo descrito por Dubois, afirme que «la foto significa de modo exterior a ella misma» (p. 29).

La fotografía, como medio para comunicar nuevos mensajes de quien actúa como fotógrafo y de quien reinterpreta la imagen en condición de observador y establece sus propios análisis, recurre a la subjetividad de las personas desde sus percepciones y se consolida como la acción transversal ejecutada en estos dos escenarios. Lo anterior no dista de lo que ocurre con la memoria, ya que, como lo señalaría Maurice Halbwachs, «la memoria está ligada a la percepción, de manera que el recuerdo remite necesariamente a la vida colectiva y cualquier acto de percepción entraña en sí mismo una rememoración» (citado por Montoya, V. y Arango, G., p. 189).

Ahora bien, como ya se ha dicho antes, la fotografía no es solo imagen, pues también es percepción en dos vías: la primera, desde quién decide qué fotografiar; y la segunda, desde quienes observan el resultado. En dichas situaciones hay una mediación comunicativa que cuenta y que está cargada de mensajes, de forma tal que las imágenes revelan, ilustran y certifican actos y condiciones sociales, a través de las cuales las poblaciones redescubren con una mirada más profunda las diferentes características, fenómenos y recursos del territorio, pero que la cotidianidad y la fuerza del trasegar diario impiden apreciar de la misma forma.

El Llanito como territorio y lugar para iniciar el proceso

Se vuelve fundamental la relación intrínseca entre las dinámicas propias de los territorios, los habitantes que los ocupan y sobre él se organizan, la fotografía develadora de realidades para construir nuevas narrativas y los procesos desencadenados por la activación de la memoria. Y se vuelve fundamental, sobre todo por su valor histórico, describir el lugar axial de la estrategia educomunicativa «Pescando historias. Memorias de un llanitero».

El Llanito es un territorio ubicado a orillas del río Sogamoso, en la parte Occidental del departamento de Santander, Colombia. Se reconoce por poseer una ciénaga de aproximadamente 1.019 hectáreas, por lo que, en su momento, la principal fuente de ingresos fue la pesca artesanal, y a menor escala, el turismo. Una de las dinámicas territoriales que ha detonado los conflictos ha sido la ambiental, dada la priorización que actores externos le han otorgado a la explotación de recursos naturales. Es importante en este aspecto referir dos situaciones particulares que demuestran cómo la comunidad ha sido víctima de la economía de enclave y también cómo este modelo económico, aunado a un profundo abandono estatal y a la falta de regulación de las entidades competentes, derivó en el uso de instrumentos nocivos de pesca entre los habitantes del corregimiento.

Frente a lo primero, y según datos citados por el Centro de Memoria Histórica (VVAA, 2014), en los años noventa hubo una mortandad estimada de más de cuarenta millones de peces ocasionada por derrames de crudo de los cuales los habitantes de El Llanito responsabilizaron a Ecopetrol, empresa que nunca fue sancionada por lo ocurrido, aun cuando los llaniteros interpusieron una acción popular contra Ecopetrol por daños y perjuicios ocasionados al ecosistema y a la economía de los pescadores. Después de casi veinte años, las autoridades competentes no han esclarecido la responsabilidad de la petrolera estatal en los hechos, ni han adelantado acciones para reparar los daños a la comunidad. Esto sin considerar que los abogados que representaban a los pobladores fueron amenazados.

El último derrame del que se tuvo conocimiento ocurrió el 2 de marzo del 2019, a cincuenta metros de la quebrada La Lizama, en Barrancabermeja. A través de Caño Muerto y la quebrada La Lizama, se vertió petróleo al río Sogamoso y a ciénagas como El Llanito, lo que provocó la muerte de un incalculable número de peces y otros animales silvestres, contaminó los acueductos de la región y destruyó las fuentes de sustento de las familias de pescadores y agricultores, tal como quedó evidenciado en las noticias publicadas por distintos medios nacionales de comunicación.

La cercanía de las actividades de extracción de Ecopetrol con el corregimiento no solo ha ocasionado la contaminación de la ciénaga, sino que ha tenido efectos desestabilizadores sobre las dinámicas sociales y de la economía local, por cuanto cambian las lógicas de producción propias de la comunidad pesquera al establecerse en el imaginario colectivo que trabajar en la petrolera es sinónimo de «mayor estatus» y una opción rentable para acceder a una «buena vida», ideas que, aunque quedaron en el limbo desde el inicio la crisis mundial del petróleo, sí fueron sustrayéndole mano de obra a la pesca artesanal. En este sentido, Jiménez y Sideri (1985) explican cómo la industria de los hidrocarburos en Colombia alimenta los conflictos al decidir sobre las vidas, las tierras y los recursos de las zonas de explotación, con lo que también surgen estructuras paraestatales de poder.

Pero Ecopetrol no ha sido el único enemigo de la ciénaga, también están los trasmalleros ―pescadores que utilizan una cuestionada técnica llamada trasmallo―, los ganaderos y los palmicultores, cuyas actividades económicas aporta cada una su cuota para el aumento considerable a la sedimentación de la ciénaga. En medio de estas dinámicas, Lucho Arango se convirtió en un líder pescador que denunció la falta de regulación y control de las entidades estatales y libró una lucha frontal contra la pesca ilegal, accionar que en 2009 terminó en su asesinato a manos de Los Rastrojos (VVAA, 2014).

En consecuencia, y en atención a las ideas de Johan Galtung (2016), el conflicto que han tenido que afrontar poblaciones de territorios como El Llanito no puede ser revisado solo en términos de violencia directa, sino que es preciso considerar las implicaciones de la violencia estructural y cultural con la cual se han impuesto relaciones de poder entre pobladores originarios de los territorios y actores externos, y cómo estos últimos han impuesto estereotipos que legitiman el uso de los recursos naturales sin una responsabilidad con las futuras generaciones. Así, es imperativo promover espacios de diálogo que rompan con estas lógicas y que le devuelvan la mirada a territorios que han sido silenciados. En el caso de El Llanito, en aras de sensibilizar a la comunidad, y especialmente a la población más joven, sobre la importancia de reivindicar su territorio, rescatar la pesca artesanal y promover el cuidado del medio ambiente del corregimiento.

La educomunicación, una ventana abierta para reparar sobre el territorio

En sociedades cada vez más fragmentadas, expuestas a las concepciones de modernidad que deslegitiman lo local y que además mercantilizan las prácticas culturales características de los pueblos ancestrales, la comunicación social tiene que volver sobre lo propio y convertirse en alternativa para fomentar espacios de diálogo que les permitan a las personas asumirse como líderes de sus propias transformaciones y recuperar el valor innato de sus comunidades. Desde la teoría, este propósito se lee como algo sencillo, pero lo cierto es que los impactos de las concepciones relacionadas al inicio, propias del modelo económico que por años nos ha permeado, han dejado graves consecuencias en los territorios.

Si a lo anterior se le agrega lo señalado por Molano (2016), que en el marco del conflicto armado en Colombia, una de las estrategias de guerra utilizadas por los actores armados para hacerse a territorios comunitarios ha sido la destrucción de «procesos organizativos, la ruptura de los sistemas culturales, que genera vergüenza sobre lo propio, la enajenación cultural que propone el irse del territorio como la alternativa de “modernidad y mejoría” de la calidad de vida» (p. 12), el sentido mismo de la identidad territorial se ve cada vez más vulnerado.

Además de la irreparable pérdida de la persona y del líder que él encarnaba, el asesinato de Lucho Arango tuvo otros efectos negativos sobre la población del corregimiento y sobre las nuevas generaciones de adolescentes y jóvenes y su relación con la organización alrededor de lo que representa la ciénaga y su territorio:

Tras el asesinato la población lo pensará “dos veces” antes de vincularse a organizaciones de la sociedad civil. La muerte de Lucho generó recelo y desconfianza entre los vecinos, debido a que los asesinos de Lucho […] se habían insertado y vivían en el corregimiento; es decir, la guerra también logró allí lo que en muchos otros lugares de Colombia: romper la cercanía y los lazos de amistad y credibilidad (VVAA, 2014, p. 129).
En lugares como El Llanito, donde la presencia del Estado es poca y los vínculos de fraternidad entre habitantes se vieron debilitados por crímenes como el perpetrado contra Lucho, las condiciones favorables están dadas para que la empresa privada agente de economías de enclave y los actores armados lleven a buen término y sin resistencia alguna sus objetivos particulares. Ante estas circunstancias, se pone de manifiesto la insoslayable necesidad de reconstruir el tejido social de las comunidades y que cada habitante, independientemente del lugar en el que se encuentra, pueda reconocer el valor representativo de su territorio y lo defienda.

Por consiguiente, y dado su carácter de construcción colectiva en la que también convergen procesos pedagógicos para aprender de forma bidireccional, la educomunicación funciona como paradigma orientador de este tipo procesos de reapropiación territorial. En dicha perspectiva, se valora más la participación de los seres humanos y los medios de comunicación dejan de ser solo instrumentos, pues «se les usará crítica y creativamente, desde la racionalidad pedagógica y no meramente tecnológica; como medios de comunicación y no de transmisión; como generadores de flujos de interlocución» (Kaplún, M. 1997, p. 6). En consonancia con lo anterior, Alfonso Gumucio (2012) identifica cinco condiciones indispensables de la comunicación para el cambio social: la primera hace referencia a la participación comunitaria y a la apropiación, la búsqueda de consenso y compromiso de las personas; la segunda es la lengua y la pertinencia cultural como una forma de rescatar sus tradiciones y lograr la legitimación del proceso; en tercer lugar está la generación de contenidos locales que reclaman el saber comunitario y el intercambio de conocimientos de manera equitativa; cuarto, el uso de tecnología apropiada, ya que deben tenerse en cuenta el contexto de la comunidad y las verdaderas necesidades que deben solucionarse. Finalmente, quinta, está la convergencia y el establecimiento de redes para enlazar diálogos con otras experiencias y aprender de ellas (Gumucio, A., 2012, pp. 33-35).

De allí la necesidad de conocer, sobre la comunidad, su cultura, pues esta atraviesa los medios de comunicación. Amparo Cadavid (2006, p. 8) recomienda partir de la observación de las carencias y las posibilidades, al igual que de la cultura y los imaginarios. Por ello, la relación que se plantea entre la población, el territorio y el uso de una herramienta como la fotografía no resulta invasiva, sino que, por el contrario, en determinado momento se puede asumir como propia.

Antecedentes metodológicos

Este proyecto se realizó bajo el enfoque cualitativo, fundamentado en el estudio de los fenómenos sociales y del hombre, en pro de identificar las valoraciones y apreciaciones frente al actuar de las comunidades, en este caso, la de El Llanito. Este enfoque es distintivo de la investigación social, por generar vínculos de fiabilidad entre las partes, respecto de lo cual Gumucio (2012) reconoce la importancia de la participación de los actores involucrados, ya que es esencial en las propuestas de comunicación para el desarrollo, alternativa y participativa, las expresiones más reconocidas en ayuda a la construcción del cambio social (p.28).

De esta forma, el proyecto educomunicativo se desarrolló bajo la línea de investigación-acción (IA), la cual pone su acento en las transformaciones sociales que se pueden lograr de la mano de las comunidades; es decir, desde el accionar se indaga por los diversos fenómenos sociales para dar como resultado múltiples situaciones y alternativas y para apostarle a la construcción colectiva. No se trata de imponer verdades absolutas, sino de entender que cada contexto es distinto y que un camino para empoderar a las personas y dejar capacidades en los territorios es a partir de la pertinencia de los procesos, la que se da en la medida en que las personas sienten las propuestas cercanas a su realidad.

Ahora, en aras de precisar las particularidades del territorio y de la población, previamente se realizó un proceso diagnóstico con el fin de conocer los imaginarios colectivos de los jóvenes frente a El Llanito, la pesca artesanal, Lucho Arango y la ciénaga. Para esto se utilizaron como técnicas de recolección la entrevista semiestructurada, grupos focales y la observación no participante. En total, se contó con la participación de 68 estudiantes de primaria y bachillerato.

Una vez analizada la información recolectada, se procedió con el diseño de la estrategia educomunicativa, la que a su vez priorizó una estrategia pedagógica para formar a adolescentes y jóvenes en el uso y creación de contenido mediante la apropiación de tres herramientas comunicativas en un colectivo de comunicación, siempre con la idea de que el fin de la comunicación para el cambio social no reside en el producto sino en el proceso. De esta forma, la ruta formativa propuesta para el colectivo transversalizó en los encuentros tres aspectos claves: «primero, el aprendizaje experiencial; segundo, las herramientas tecnológicas; y tercero, el ejercicio periodístico, esto para lograr una formación práctica, de apropiación y actuación activa por parte de los estudiantes durante el desarrollo de las acciones de la estrategia», como se especifica en la página web del proyecto (http://historias.plataformaupb.com/pescandohistorias/index.html).

Así mismo, esta propuesta pedagógica se estructuró a partir de la revisión de otras experiencias similares, al mismo tiempo que las expectativas y necesidades manifiestas por estudiantes participantes con respecto a los temas orientadores y sus aspiraciones futuras. Cada encuentro estuvo dividido en dos momentos: el primero se pensó para compartir contenido general sobre la herramienta; y el segundo, para llevar a cabo una profundización práctica. Los módulos adelantados iniciaron con la fotografía, con el propósito de redescubrir el territorio y ver con nuevos ojos, tanto a las personas como a los elementos que conforman El Llanito. Se continuó con la formación sobre el podcast y su incidencia en el diálogo intergeneracional sobre la pesca artesanal; y se finalizó con el audiovisual participativo en la creación de nuevas propuestas narrativas sobre el medio ambiente y la ciénaga.

Con la influencia de las propuestas pedagógicas de Kaplún, el proceso de formación sobre las herramientas comunicativas que se pensó en el marco de la estrategia se concibió fuera del aula. También como una apuesta por llevar las miradas más allá de las paredes y hacer que la exploración de las personas participantes con su cotidianidad se ubicara en una concepción distinta. Una especie de sensibilización de los sentidos. Se trabajó con un grupo de treinta estudiantes de bachillerato, de la Institución Educativa San Marcos, organizados en tres subgrupos, cada uno de los cuales adoptó el nombre que sus integrantes le asignaron: Limonada de coco, Llanito siempre creciendo y Los dorados. Cada grupo contó con el acompañamiento personalizado y constante de una de las personas facilitadoras de la Facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana.

Para iniciar en el proceso del lenguaje visual con las y los participantes, se les invitó a observar un mural con el uso de tres objetos distintos: lupa, binoculares y espejo. Este mural, ubicado en una de las calles principales de El Llanito, al lado de la iglesia, muestra la imagen de Lucho Arango sobre una canoa, lanzando una atarraya. El retrato hace parte de las expresiones simbólicas con las cuales se recuerda al inmolado Lucho. Cada uno de los subgrupos observó el mural y expresó sus consideraciones sobre las diferentes cualidades apreciables con cada instrumento mencionado, lupa, binoculares y espejo, cada uno de los cuales cumplía una función analógica en relación con los componentes de la cámara: lente, visor y obturador, respectivamente. Con esta práctica se introdujo a los participantes en el manejo técnico de la herramienta, para que posteriormente se abordaran cuestiones más específicas como la manipulación del diafragma, la fotosensibilidad (el ISO) y la velocidad de obturación. Ello valida el testimonio de Bordenave (2012) sobre la resolución de problemas de carácter técnico y metodológico en aspectos claves de la interacción con las personas objeto de estudio en los territorios.

Al recordar que la construcción visual de la fotografía nace de la intencionalidad que se imprime en los distintos fragmentos de la realidad, de la cotidianidad, que al verse en retrospectiva identifica, emociona y sobre todo comunica, así pues, a los participantes se les pidió representar su contexto, su comunidad y su entorno, desde su punto de vista, un ejercicio que apeló a la sugerencia de Radabán Crespo, A. V. y Contreras Pulido, P. (2014, p. 148), según la cual «la fotografía participativa intenta traer nuevas perspectivas de aquéllos (sic) que conducen sus vidas de una manera diferente de quienes lo hacen o hacemos tradicionalmente».

La exploración a detalle tanto de la herramienta como de la visualización del territorio se fortaleció debido que, durante el proceso, se generaron momentos de acompañamiento y reflexión colaborativa que ayudaron a la construcción de los productos fotográficos y al pensamiento colectivo en la sensibilización por la memoria del corregimiento como un territorio con potencial en lo turístico, gracias al trabajo de las generaciones pasadas.

Los resultados de la fotografía para redescubrir el territorio


La observación de las piezas seleccionadas se hizo con referencia en la propuesta de modelo de análisis de la imagen (Marzal Felici, J., 2004), orientada a la fotografía artística y el fotorreportaje y que revela las significaciones en la composición visual a partir de una serie de categorías que evidencian el componente comunicativo, junto con los aspectos técnicos de la imagen, y parte de la trayectoria de la fotografía capturada. Cabe mencionar que tal análisis no fue exhaustivo sobre la muestra, dado que no se pretendía agotar el discurso interpretativo derivado de la fotografía. Por consiguiente, lo que aquí se presenta es una aproximación a dos de las cuatro categorías de análisis: el nivel contextual y el nivel compositivo (ídem, pp. 1-23); y una reflexión alrededor de lo que el citado autor denomina «interpretación global del texto fotográfico» (ibídem, p. 28).

En el nivel contextual, en las treinta fotografías se mantiene un alto reconocimiento de la fauna y de la flora del territorio llanitero, junto con la creatividad artística y cultural por parte de los jóvenes de la comunidad. De igual forma, el valor culinario tiene una relación directa con la pesca artesanal de la región y la construcción histórica que ha dejado su tradición cultural. Así, las imágenes de las viviendas, de la ciénaga, de los paisajes y de los rostros de personas adultas son las que más se repiten dentro de las fotografías tomadas por los distintos subgrupos.
En relación con lo anterior, llama la atención que, por ejemplo, uno de los participantes titula su fotografía, Los peces de El Llanito y en ella muestra un pez muerto, al parecer por haber caído en una red de trasmallo. En ese sentido, si bien la fotografía expone de forma indirecta el flagelo que sigue azotando a la pesca artesanal, advierte que de no ponerle un alto a dicha situación, ya no será solo este pez, sino todos los de la ciénaga los que terminen así, dado que el uso del plural en el título de la fotografía lo implica.

Fotografía 1. Los peces de El Llanito

Fuente: Carlos Mario Rodríguez, participante de la estrategia educomunicativa.
Institución Educativa San Marcos, corregimiento El Llanito.

Entre otras cosas, la fotografía es altamente simbólica, pues no solo muestra un pez muerto, sino que parece evocar la apariencia de una tumba, dado que, al lado de este alevino, hay enterrada una flor de color morado, propia de la vegetación flotante de la ciénaga, que, de paso, remite al sentido inminente de la pérdida y el abandono en el que ha quedado el recurso hídrico.

Por otro lado, en la caracterización del género en la muestra de fotografías seleccionadas, se reconocen la fotografía documental, la de retrato y la de paisaje, desde los cuales se representan particularidades propias del territorio, y que permitieron redescubrir el valor propio de la identidad cultural y territorial. Es importante agregar que esta clasificación se hizo de forma posterior con los participantes al revisar cada una de las imágenes, lo que también permitió profundizar con ellas y ellos sobre esta variable al momento de hacer fotografía. Su experiencia práctica no fue condicionada respecto al cómo mirar el entorno, sino que en su revisión posterior se exaltaron los elementos que las constituían como correspondientes a un cierto género o a otro en el lenguaje fotográfico.

En este sentido, una de las fotografías de tipo documental captadas es la titulada En busca de una historia, que refleja las primeras casas construidas cerca a la ciénaga y desde las que se le empezó a dar forma al corregimiento. Las manchas más oscuras en las paredes, según lo indagado, son las marcas del nivel del agua de la ciénaga durante el invierno, razón por la cual las casas no se construyen a ras de suelo, sino que se erigen a cierta altura. Sus colores reflejan el envejecimiento y la historia, pero su estructura sólida ratifica que, a pesar de los cambios, de la modernidad y de las transformaciones, allí permanecen como memoria viva del territorio.

Fotografía 2. En busca de una historia

Fuente: Josué Díaz. Participante de la estrategia educomunicativa.
Institución Educativa San Marcos, corregimiento El Llanito

La fotografía tiene la capacidad de generar diversas representaciones de un momento, lugar o historia; sus interpretaciones, tal como se ha explicado, pueden variar, dado que no están supeditadas solo a la intención del fotógrafo y en ello reside su riqueza. Desde esta perspectiva, la fotografía titulada Pescado bajo el sol testimonia la cultura gastronómica que se entreteje alrededor de la pesca y del pez insignia de El Llanito, el bocachico. Antes de preparar el famoso plato del pescado frito-sudado, los peces son colgados bajo el sol como una técnica de secado que acentúa su sabor. En este caso, el contraste de luces y sombras y el juego de colores de las cuerdas que resaltan sobre la piel gris del pescado ambientan la fotografía y permiten que los receptores de la imagen se cuestionen sobre las razones por las cuáles son colgados o quizá rememoren el símbolo religioso de los peces que se multiplican y alimentan a todo un pueblo.

Fotografía 3. Pescado bajo el sol

Fuente: Miller Rincón. Participante de la estrategia educomunicativa.
Institución Educativa San Marcos, corregimiento El Llanito

En lo concerniente al segundo componente analizado, el nivel compositivo es entendido estrictamente desde el valor operativo que dan una configuración del lenguaje técnico de los distintos elementos que componen la imagen. Su primera subcategoría es la ley de tercios en razón de la cual, según Marzal (2004, p. 16),

la mayor o menor importancia del centro de interés de un objeto visual en el interior del encuadre está íntimamente ligada al peso que tenga en la composición, en relación con otros elementos visuales. Si dicho centro de interés coincide con el centro geométrico de la imagen, su peso será menor que si está ubicado en zonas más alejadas.
La observancia de la ley de tercios es clara en catorce de las treinta fotografías tomadas y estas imágenes concentran su atención en visibilizar la cotidianidad de los habitantes de El Llanito. No reflejan un afán por arreglar la imagen, sino por calcar un instante de la vida de alguien mientras baila, teje una red de atarraya, se baña en la ciénaga o simplemente conversa con otra persona. Los estudiantes en sus roles de fotógrafos participan como testigos del quehacer de alguien más, focalizan su atención en cuerpos, rostros y en las acciones relacionadas con la cultura de su territorio. A la vez, sus miradas repararon en la arquitectura del corregimiento y captaron la esencia de lugares que por su simbolismo o tradición resultan representativos, como la iglesia y los alrededores de la ciénaga. Ahora bien, en las dieciséis fotografías restantes se identifican planos generales y primeros planos que se detienen en la singularidad y belleza paisajística del corregimiento.

Otra subcategoría fue el espacio representativo, entendido como el recorte espacial en continuación, es decir, la selección consciente o inconsciente, que siempre responde a intereses particulares del fotógrafo. Es allí donde se encuentra relación con lo que cometa Marzal (2004, p. 18), «en el campo de la fotografía, el control del parámetro técnico de la abertura del diafragma y la óptica elegida por el fotógrafo posibilitan la construcción de la dimensión espacial de la imagen» (p. 18).

En relación con las treinta fotografías obtenidas, se determinó que este componente técnico está directamente relacionado con las necesidades de campo exterior. Si bien la mayoría de las fotografías se dan en exteriores, las imágenes reflejan la intimidad del territorio. Es como si les permitieran a nuevos observadores entrar en su hábitat y reconocer la cultura que allí reside. El uso de este campo visual varió de acuerdo con la intencionalidad que cada persona le impregnó a su fotografía: mientras algunos quisieron capturar la extensión de la ciénaga desde alguna de las orillas y corrieron con la suerte de capturar allí mismo también alguna garza, otros se concentraron, por ejemplo, en hacer un plano medio de la vegetación que cubre algunas partes de la fuente hídrica y en subrayar las particularidades de la composición del ecosistema cenagoso.

En cuanto a la interpretación global del texto fotográfico, esta se da en la medida en que se incluyen aspectos del «espacio, tiempo y acciones de la representación, así como de la articulación del punto de vista, […] en los cuales se habrá detectado la presencia de estos rasgos estructurales que apuntan hacia la “poética de la obra abierta”» (Marzal, 2004, p. 28). Así, con apoyo en las nociones de Umberto Eco, el autor explica que el análisis crítico del texto fotográfico se puede hacer desde la ambigüedad, dada por la amplitud de significados que puede llegar a tener la imagen, y la autorreferencialidad, esto es, la capacidad de la fotografía para despertar reflexiones sobre sí misma.

En estas circunstancias, las treinta fotografías, al enseñar el estado actual de su corregimiento, tienen la obligación de relievar los aspectos de su cultura, su historia y su población. Dichas fotografías existen porque hay una realidad y una construcción territorial que simbolizan su estrecha relación con la pesca artesanal, la ciénaga y Lucho Arango. En esas fotografías, el territorio no puede ser menos que el escenario de convergencia que dota de sentido los puntos de vista de cada estudiante en su rol de observador. No hay una preocupación por el «mostrar lo bonito» sino por transferir a otros esos fragmentos de la realidad que se han normalizado y, por tanto, corren el riesgo de no ser valorados. La fotografía en sí misma es un llamado para volver sobre la esencia de lo local e inculcar en las generaciones más jóvenes la identidad y el sentido de apropiación por su corregimiento.

Fotografía 4. La gente de mi pueblo

Fuente: Camila Andrea Gallego Quintero. Participante de la estrategia educomunicativa.
Institución Educativa San Marcos, corregimiento El Llanito.

Finalmente, desde el anterior marco de interpretación, en la fotografía titulada La gente de mi pueblo se observa cómo un niño agarra en sus manos unos peces y, sorprendido por el lente, sonríe y se deja registrar en su cercanía con el entorno de la pesca. En términos de autorreferencialidad y ambigüedad, la fotografía es capaz de comunicar tantas historias como personas se relacionen con la composición de la imagen: habrá quienes fijen su atención en el tamaño de los peces, tan pequeños como el niño, y establezcan una especie de analogía crítica con el riego de pesca inadecuada de esta especie, y que, al igual que los niños, mientras crecen, requieren de protección y cuidado; o habrá otras personas que se cuestión por el simbolismo en la expresión de la persona adulta en segundo plano que mira con seriedad; o destaquen la estatua de virgen que, en medio de todo, está para servir.

Conclusiones

Para el diario español El País, Jesús Abad Colorado conjeturó que seguramente él habría sido un campesino si hubiera nacido en un país en paz, pero que ha sido el flagelo de la guerra el que nos ha sacado a las ciudades; y más adelante agrega que, para él, las fotografías son una forma de contar la historia, «no pasan por el ojo y el dedo, las imágenes están en la consciencia y tienen que generar reflexión, no sed de venganza» (Torrado, S. y Oquendo, C., 2019: prr. 8). Su declaración alude al papel que, como registro de la memoria, deben cumplir las fotografías, y más en un país que por siglos ha fomentado el desarraigo territorial.

Si bien la guerra a la que Abad se refiere de forma explícita es a la causada por la violencia directa de la que han hablado autores como Galtung (2016), esta guerra ha sabido permear las dimensiones estructurales y culturales para perpetuar dinámicas de exclusión, de pobreza, de abandono estatal y propiciar el surgimiento de actores armados que impusieron sus intereses en las periferias, lo que en todo caso dejó desamparadas a cientos de comunidades.

Si a esto se le suma la contemporización del conflicto y del poder político con el modelo neoliberal y desde el cual se ha priorizado el desarrollo en términos puramente económicos y de explotación primaria de la naturaleza y del ser humano, no resulta descabellado afirmar que la fotografía tiene que convertirse en el arma de las nuevas generaciones para volver sobre sus territorios, sobre su identidad y sobre su cultura. En el momento en que comprendamos que el buen desarrollo no reposa en las ciudades y que, en toda Colombia, la riqueza rural de territorios como El Llanito tiene que defenderse, empezará a moverse el verdadero empoderamiento ciudadano que, a través de la participación, transforma de forma sostenible sus recursos, mientras mantiene vivo el legado cultural de todas las generaciones que lo han construido y vivido.

Apoyarse en la fotografía como herramienta, pero también hacerlo desde un proceso pedagógico cimentado en la educomunicación, no resuelve de principio a fin los problemas que aquejan a las comunidades, aunque sí sensibiliza y hace que quienes habitan cada territorio se cuestionen sobre lo que tienen y cómo lo tienen, desde lo que era, lo que es y lo que será. En esa dirección proyectiva, resultaría revelador, con la fotografía, emular a Abad: volver tiempo después a los lugares y hacer un nuevo retrato. Entonces, el proceso, lejos de haber terminado, queda abierto para que los participantes de la descrita estrategia educomunicativa regresen en uno o dos años al sitio exacto y repitan de nuevo sus fotografías, en aras de que suscitar la reflexión sobre los efectos del tiempo en su territorio, sobre todo porque la fotografía, si bien testigo, no se queda solo en eso: permite establecer puentes dialógicos con quienes están allí.

En este caso, la fotografía como memoria de la historia de un territorio pescador se hace significativa, porque pone de manifiesto que los factores que desencadenan los conflictos siguen ahí, que no desaparecieron con las desmovilizaciones o el silenciamiento de las armas ―que de todas formas es un gran avance―, que no se han erradicado, sobre todo porque es más de lo mismo; y es que la tierra, su distribución y sus usos, junto a un sinnúmero de necesidades básicas insatisfechas, lo que hace mella en el día a día de las personas. Redescubrir un territorio no significa ver solo los mejores sitios, sino entender su diversidad y que, por tanto, su transformación requiere cada vez más trabajo colaborativo entre actores; y que en ese proceso, la comunicación para el cambio social tiene un papel fundamental para sensibilizar, dialogar y movilizar ciudadanías.


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