Artículo de investigación.

¿Estamos obligados a publicar? O cómo traicionar a la Universidad cuando no se investiga y no se publica

Do we have to publish? Or, how we betray university when research findings are no published

Somos obrigados  a postar?  Ou como trair a Universidade quando ela não é investigada e nem publicada

José Manuel de Pablos
jpablos@ull.es
Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. España. Catedrático de Periodismo de la Universidad de La Laguna. Tenerife, Canarias. España. Director y fundador de Revista Latina de Comunicación Social.

ISSN: 1692-5688 | eISSN: 2590-8057
Recibido: 20 de octubre de 2019
Aceptado: 27 de diciembre de 2019
Publicado: 12 de diciembre de 2019

Cómo citar: De Pablos, J. (2019). ¿Estamos obligados a publicar? O cómo traicionar a la Universidad cuando no se investiga y no se publica. MEDIACIONES, 23(15),  51-67. http://dx.doi.org/10.26620/uniminuto. mediaciones.15.23.2019.51-67.

Conflicto de intereses: los autores han declarado que no existen intereses en competencia.


Resumen

Uno  de  los fundamentos de  toda idea periodística aconseja no titular con  una interrogante, cosa que he  hecho en  esta ocasión. El lector espera, con todo derecho y razón, que le aclaremos las situaciones y no  que le ofrezcamos asuntos sin  respuesta. Así y todo, de esa  manera lo he  hecho en  esta ocasión. ¿Se trata de un lapsus, un error? Hay  un fin y la causa es sencilla: la duda de las interrogantes va dirigida a quienes puedan tener la más mínima vacilación o inseguridad sobre el asunto, para decirles de entrada que la respuesta a esa  pregunta en un contundente sí:

-    estamos obligados a publicar,

-    a dejar de ser  repetitivos en nuestra docencia,

-   a presentar alguna vez  la  originalidad de  cualquier trabajo que merezca el título de  investigativo, de  ser  una investigación académica, de  ser   el  resultado de  una pesquisa que trata de responder a las  hipótesis de  partida, que sigue el  curso de  la metodología aplicada.

Palabras clave: académicos, publicar, docencia, investigar, universidad.

Summary

One of the  fundamentals of any journalistic idea advises not  to headline with a question, which I have done on this occasion. The  reader waits, with all  right and reason, to  clarify situa- tions and not  to  offer unanswered  questions. Anyway, that’s the  way I’ve done it this time. Is it a slip, an error?

There is  an end and the   cause in  simple: the   doubt of  the questions is  addressed to  those who may have the  slightest hesitation or insecurity on the  matter, to tell them at the  outset that the  answer to that question in a blunt yes:

- We are obliged to publish,

- to stop being repetitive in our teaching,

- to  present once the  originality of  any work that deserves the  title of investigative, of being an academic investigation, of being the  result of a research that tries to  respond to  the initial hypothesis, which follows the   course of  the   applied methodology.

Keywords: Academics, publish, teaching, research, university.

Resumo

Um dos fundamentos de qualquer ideia jornalística aconselha a não encabeçar com uma pergunta, o que eu fiz nesta ocasião. O leitor espera, com toda a razão e razão, esclarecer situações e não oferecer perguntas sem resposta. De qualquer forma, foi assim que eu fiz desta vez.  É um  deslize, um  erro?

Há   um   fim   e  a causa no   simples: a dúvida das   questões é dirigida àqueles que podem ter a menor hesitação ou insegurança sobre o assunto, para dizer a eles,  desde o início, que a resposta a essa pergunta é direta:

- Somos obrigados a publicar,

- para deixar de ser  repetitivo em  nosso ensino,

-  apresentar  uma vez   a  originalidade de   qualquer trabalho que mereça o título de  investigativo, de  ser  uma investigação acadêmica, de  ser  o  resultado de  uma pesquisa que tenta responder à hipótese inicial, que segue o curso da metodologia aplicada.

Palavras-chave: acadêmicos, publicação, ensino, pesquisa, universidade.


Introducción

Por  eso  la  interrogante del  título. Ya la  podemos quitar. Dejar en  el titular la  afirmación que aquí vamos a tratar de  exponer, en  la medida de  nuestras posibilidades. Por  tanto, he  de  aclarar desde el principio, e inmediato, aunque un poco tarde, sí, que las interrogantes sobran en el título de este escrito.

Como señaló en un brindis obligado García Márquez (2012), yo no he venido aquí a decir un discurso. He venido a tratar de exponer unos  pocos consejos basados  en   la   experiencia, para  lograr nuevas publicaciones de calidad, si fuera capaz de disolver dudas y colaborar a que se disfrute de mejores resultados.

A la  interrogante del  título solo  hay una respuesta y  es  un sí natural y hermoso: Los académicos estamos obligados a publicar, como los  jueces a emitir sentencias y los  pilotos de  aviación a llevar el avión de  un aeropuerto a otro. (Lo que sucede, lo diré de paso, es que los jueces suelen estar enjuiciados por la opinión pública –cuando no  por el  Gobierno de  turno–, lo que no  suele suceder con  los pilotos, excepto cuando éstos hacen huelga para presionar a la aerolínea y cobrar más plata... para que no  se  lo quede todo la empresa).

También es  cierto que los  jueces, por ejemplo, sirven a quien manda, porque son “gente de orden”. De ahí que, en todo Gobierno, por muy dictadura que sea,  siempre hay un “Estado de Derecho”, precisamente del  Derecho que emana del  poder, sea  éste una democracia o sea  una dictadora. Recuerden si no,  los  jueces del franquismo o los jueces franceses del Gobierno de Vichy1.

Es cierto que los jueces suelen acomodarse al poder de turno, lo que no sucede con  los pilotos. Recordemos, sin  ir más lejos, los  jueces del  tiempo alemán más siniestro –donde sin  duda había jueces y fiscales– o los aludidos españoles del  Tribunal de Orden Público, que después se transformaron en  Tribunal Supremo y  fruto de  aquella insana decisión son   los  lodos que hoy   recorren mi  país de  procedencia, corroído por la corrupción que mete en la cárcel a los que roban una gallina y no a los que roban millones de euros del erario público.

Va a ser   verdad aquel lema romano que aseguraba: “Nihil novum sub Sole”,  “No  hay nada nuevo bajo el  Sol”,  porque la  corrupción recorre el  mundo en  un caballo desbocado y en  silla  de  oro. Por  lo general, silla  pública. ¡Sabios que eran aquellos romanos!

Publicar

Estamos obligados a publicar, cualquiera que sea  la jerarquía académica de  la  persona interesada. Lo  que sucede es  que la corrupción universitaria origina casos en  los  que ven que quien no publica se mantiene por encima de quienes cumplen con   su   honrosa labor. No  solo   es  impartir  docencia, sino comunicar a la sociedad el fruto de las  investigaciones que el personal docente, que siempre es también investigador, haya localizado al final de una exploración científica.

La  corruptela señalada ha originado que profesores enemigos del   paper hayan conquistado posiciones cualificadas, pero engañosas, ágrafos incapaces de  dar a la  luz  un artículo de investigación, porque está claro que quien no  investiga es incapaz de  dar ese  paso de  calidad que es  aparecer en  un journal científico.

Toda investigación, mejor en equipo que de forma individual, implica la  publicación de  los  resultados. Una  investigación que no  vaya seguida de  una publicación de  lo  conseguido y  conclusiones no   ha sido   tal   investigación. Ya  hubo una profesora   australiana,   Anne-Wil Harzing,  de   Melbourne, que enmarcó e hizo suya aquella sentencia tan clarificadora: “Publish or perish”2 (Publicar o perecer).

Muchas universidades están  necrosadas  por personajes que han perecido para la academia. Son  incapaces de  laborar con la humildad que precisa toda investigación, cuando se formulan preguntas sin  respuesta conocida –cualquiera que sea el área de conocimiento– y se ha de operar para dar con ellas.

La  soberbia, pues, es una de las cargas que hay que abandonar cuando se va a investigar. Recuerden que fue  Umberto Eco quien manifestó que un día  que estaba de paseo por las orillas del Sena, en París, se encontró en un mercadillo de libros antiguos. Cuando hojeó uno que encontró a mano se  topó con  la respuesta a una vieja pregunta de  investigación a la que no le había encontrado respuesta en  años anteriores3. La humildad de  reconocer aquel hecho tan singular –y de dejarlo escrito en  un libro– habla de la  humildad de  Umberto Eco,  de la  necesaria modestia de  todo investigador.

Se trata de  una pequeña historia que publicó en  un libro imprescindible en  algún momento de  la  vida de  cualquiera de nosotros, titulado con  toda humildad Cómo  se hace  una  tesis4. Es una obra que puede acompañar al joven doctorando cuando va a iniciar el asalto al máximo título que otorga la universidad que imparte doctorados, el supremo título, sobre el cual no hay otro.

El (la)  profesor (a) que no  publica no  puede recibir el apelativo de   “docente”, porque  en   el   rango  universitario  “docencia” e  “investigación” van  de   la  mano, son   la  misma  esencia.  Se confunden. Quien investiga está en  la  mejor disposición de expresar en   las   aulas y  salas de   clase un  conocimiento más fresco y más rico,  a la par que más novedoso y singular. Es una buena manifestación del  servicio a la  comunidad que hace el investigador, que debe hacer la  universidad, sea  pública o sea privada.

Es novedoso porque lo lógico  es indagar en  aquella línea donde no hay anteriores investigaciones y es más fresco lo que comunica ese  docente porque de  ese  tema sin  duda es  el  experto surgido de  la pesquisa que acaba de  concluir y ha originado reflexiones nuevas que ese  profesorado estará capacitado para exponer con toda tranquilidad ante sus  alumnos.

Sucede en  ocasiones que hay alguna universidad, sobre todo algunas privadas, donde predomina la docencia y no se hace mucho hincapié  en   la necesidad imperiosa  de   investigar, porque investigar implica inversión de  fondos, además de tiempo. Está claro que la docencia genera muy pronto ingresos limpios –curso a curso–, lo  que pocas veces sucede con   el avance del  conocimiento que toda investigación implica, al menos sin  la misma rapidez que los ingresos frescos de  las matrículas por la docencia.

Está   claro, repito, que la  investigación exige inversión de tiempo  y  gastos  en   algunos insumos,  menos  en   Ciencias Sociales que en  otras áreas de conocimiento, donde son  más altos.

Esta  suele ser  una de las  sinrazones por las  cuales a veces no se investiga, mejor, no  se presiona con  incentivos al docente para que cumpla la otra parte de su contrato con  la academia, un convenio que es universal, cualquiera que sea  el país o las siglas de su casa de estudios.

Aparece, entonces, la necesidad de  ofrecer ayudas y, más importante,  garantizar  incentivos válidos, aceptables y decentes, que animen al  profesorado a elegir una línea de investigación de  verdad y  no  solo  unos renglones de  texto en  un documento oficial pero inservible. De nada vale si  la línea de  investigación queda  como algo   teórico que sirvió para cumplimentar un impreso de tipo  burocrático, sin mayor trascendencia. Es   inútil cuando se  pide al  profesorado sus líneas de  investigación, si después no  hay un seguimiento académico que demuestre que no  se  trata de  papel mojado y arrugado. Sé que todo lo que estoy diciendo lo sabe quien me  lea,  de  ahí   cierta incomodidad, que ustedes habrán  de entender.

La responsabilidad de las  universidades

Dicho  lo anterior, hablemos del  papel responsable de instituciones y poderes públicos. Las universidades –públicas o privadas, en  esto  no  deberían diferenciarse– tienen la exigencia  de   generar  incentivos para  que  se   incremente la  productividad científica de  calidad de  su  profesorado- investigador. No se olvide: sin  incentivos se investiga menos. A veces, solo se investiga cuando hay premio, o sea, incentivos.

No siempre se trata de aumentar el sueldo –que también y nunca estaría mal–. A veces el aliciente es rebajar el tiempo de docencia, para que haya tiempo para dedicar a la  investigación. Muchas horas, como saben todas y todos ustedes.

¿Y cómo se  comprueba que se  investiga? La  única manera de comprobar ese  quehacer científico es mediante la publicación de los resultados de  la investigación. Ninguna otra forma es válida. Entramos en  un mundo lleno de  perversidades, que conviene conocer, aunque sea  de manera somera.

Es sabido que el profesor universitario, al menos el de  las universidades públicas, pero también en las privadas, sobre todo cuando no  son  muy venales, suele ser  un personal evaluado sin cesar: después de  hacer una licenciatura, hace un doctorado, en ocasiones en una universidad lejana, porque en su entorno no suele haber doctorados de su especialidad o rama del conocimiento.

Éste  es  uno de  los  grandes  déficits de  la  universidad latinoamericana, la ausencia de doctorados en calidad y cantidad suficientes para evitar lo que todavía sucede en  algunos países hermanos, en  los  cuales hacer un doctorado es  una labor de titanes, con  gastos inasumibles, lo que frena el primer nivel investigativo, no siempre, pero sí a veces.

Ese  nuevo doctor va  a encontrar después, ya  con  su  flamante título, serias dificultades cuando regresa a su  universidad, por muchos motivos que rayan lo vergonzoso en tantas ocasiones. Sé de este tipo  de casos, muy variados, en Buenos Aires, en San José, en Santiago, en Caracas… y también en Bogotá.

Lo  más lamentable es  que se  presenta una variada gama de aberraciones académicas, que no son  tema de este escrito.

El profesor que muestra su  doctorado y logra ser  aceptado con tal  categoría en  su  universidad ha de  seguir en  la  brecha y ser sometido a nuevas evaluaciones, en   un  largo proceso que lo acompañará toda su vida académica. Cada ascenso en el escalafón es o suele ser  el producto de  una nueva evaluación. A veces, de una trampa bien elaborada… Bien  está la  evaluación continua, pero creo que lo peor de  ese  sistema es que lo supere gente que jamás ha publicado, que muestra no  sé  qué tipos de  méritos impresentables, pero capaces de superar continuas evaluaciones. Esta  es una de las perversidades citadas líneas arriba, pero no es la única.

Hablando de   cosas serias:  la única manera  de   demostrar el  trabajo universitario, junto a la  docencia fácilmente controlable, es mediante la publicación de  libros y artículos.

¿Y cómo se hace eso?  ¿Y publicar cualquier cosa?, ¿Acaso no importa la incidencia en la sociedad? ¿No interesa el contenido, solo el título del trabajo editado?

En España no  ha sucedido tal  cosa hasta que se han iniciado procesos  de    evaluación  del    profesorado,   de    forma  en apariencia ciega, sin  tener seguridad de  qué vale o no  vale, a veces a discreción de  un jurado que no  busca la calidad, que causa y origina recursos judiciales, que a veces son  ganados por los profesores dañados… en los contados casos en los que se impone la justicia frente a la discrecionalidad o la enemistad.

En Francia, ese sistema no es ciego  y en cualquier momento el profesorado sabe a ciencia cierta qué revistas tienen validez para su  reconocimiento. Hay  información publicada por la AERES5: un listado de publicaciones válidas para la evaluación del profesorado universitario, revisado periódicamente por un comité de  expertos, cuyos nombres se conocen de  antemano. Mayor claridad  es  difícil de  encontrar. No  en  España, por ejemplo. El ejemplo francés no  suele gustar donde manda la oscuridad.

Hasta aquí, parte de  la perversidad que antes cité  del  actual sistema…

El papel de Google

Desde hace varios años, bien pocos, hay un nuevo intérprete en  el panorama de  la comunicación científica: Google6 ha establecido un  nuevo  sistema  y  ha  hecho  saltar  por  los aires el  viejo   régimen que parecía plenamente establecido y ha dejado patente su  debilidad, aunque no  obstante sigue imperando, no sabemos por cuántos años más. Es de suponer que  tiene  los   días  contados.  Ha   sucedido  esa   revolución desde que Google  tomó la  benemérita decisión de  ofrecer lo mismo que multinacionales de  pago, con  una diferencia, una sola  diferencia en  estos momentos, Google  Académico o Google Scholar es gratuito y ofrece en la práctica el mismo servicio.

¿Cómo es  posible? Por  la estupidez humana, si  nos   queremos quedar en  la intención menos dañina. Google,  de momento, no cobra por su información publicada en abierto, por su contabilidad de citas recibidas, por dar cuenta al mundo de sus  bases de datos de revistas y otros documentos, según las citas que han recibido.

Bien  es  verdad que el  negocio de  Google  no  es  el  mismo de  las otras multinacionales que cobran citas millonarias (es  el  caso español) por facilitar la consulta de  sus  bases de  datos cerradas. Google,  claro es ambiciosa –pero no  avariciosa–, no  en  el campo de la comunicación científica. Lo es en el campo de la publicidad, facturando cada año más que la suma de lo que cobra la prensa, la  radio,  la  TV  e  internet  estadounidenses juntas. Google   es ambiciosa,  sí,  no   es   avariciosa, que  son   dos   conceptos muy distintos.

Las  claves en  el  éxito del  fenómeno de  Google  la  encontramos en  un argentino que es  profesor de  Física de  la  Universidad de San  Diego,  en  la  California estadounidense:  Jorge Hirsch. En  el año 2015 –hace nada– propuso un nuevo método de contabilidad del  impacto científico, fueran personas, instituciones o revistas, conocido desde entonces como índice H.

Este nuevo parámetro es el que emplea Google  en sus mediciones, con  una diferencia sobre los  sistemas de  las  multinacionales de pago, que solamente usan de  los artículos en  revistas indexadas en  determinadas bases de  datos, en  las  suyas. Es cierto que hay diferentes formas de buscar y aplicar la teoría de Hirsch.

Déjenme que abra  aquí un paréntesis para  señalar que toda revista registrada es  una revista indexada, pues ya  se  incluye en  un listado formal por el  mero hecho de  obtener su  número de  ISSN7, sin  el cual una revista no  empieza a existir. De ahí  la incultura editorial de  quien formula esa  pregunta, la  de  querer saber si una revista “está indexada”, y así calcular la rentabilidad de publicar en ella.

De forma casi natural, quedar indexada en Ulrichs8 viene a ser la primera gran base de datos en el que se incluye toda revista que nace.

La  entrada de  Google  en   este campo ha revolucionado el sector. Por  ejemplo, los libros volvieron a tener valor, a tener el  papel que siempre habían tenido y  que habían perdido con  el  sistema de  factor de  impacto de  Eugene Garfield. Su aparente pérdida de interés se debía a que las  bases de datos cerradas solo  contemplaban revistas, pero no  monografías ni libros capitulares.

Parte de   la  revolución de   aplicar la  idea de Jorge Hirsh estaba en  apreciar todo lo que está en  el mundo digital, sea el programa de  una asignatura sea  un informe, un libro o un paper, cualquiera que sea  el soporte, revista bien indexada o web de una humilde universidad.

Lo importante es  que el  fichero informático esté en  abierto y accesible para cualquier lectora o en  la base de  datos de  la “primera división”. Para un autor, ¿qué tiene mayor impacto, ser  citado en  un artículo por otro investigador o aparecer  y figurar en la bibliografía de una asignatura universitaria?

Google ha hecho mayor el espectro y lo ha hecho con la vara de medir del argentino-estadounidense Jorge Hirsh, con toda una gama de índices H, para autores personales o por cabeceras de revistas, como quedó dicho.

Detalle importante: compañeros especialistas de la Universidad de Granada (España), del equipo EC3 (Evaluación de la Ciencia y de  la  Cultura Científica ),9 que desde hace años hicieron el índice de impacto de más de 500 revistas españolas (in-RECS), ya  lo  han dejado de  hacer, entre otros motivos, porque las nuevas herramientas que publica Google  de forma gratuita ha dejado patente que los  resultados del  viejo  sistema de  pago y  cerrado y  el  nuevo abierto y  gratuito ofrecen resultados semejantes. En  ese   sentido, han  tomado la  Comunicación como área de pruebas, y las consecuencias dicen eso, que son similares, con  los  mismos parámetros  de  citación, y  que se ahorraría  mucho dinero público, pero mucho. No  obstante,¿se quiere ahorrar dinero público o estamos ante otra cara de la corrupción que no cesa?

Puede que en  este asunto suceda lo  mismo que pasó con   las ballenas en   1823.   Apareció el  gas para alumbrar las  calles y Londres decidió dejar de  patrocinar la  caza de  ballenas para obtener aceite con  el  que alumbrar las miles de  farolas de  las calles londinenses.

Aquel negocio ballenero, sin  el incentivo de  Londres, empezó a languidecer. No  hay de  momento ningún Londres que deje de pagar por el  aceite de  ballena, pero bastará que aparezca un estado que lo haga para que el cambio de paradigma se empiece a hacer realidad.

Ese  trabajo de  los  investigadores de  Granada,  llamado Journal Scholar Metrics10, está en  la  red y en  abierto. Para este trabajo han empleado varias bases de datos11.

Para este listado conjunto de  Granada se han respetado los principios de Google:  solo  operan con  revistas que en  cinco años han publicado un mínimo de  100  artículos (a  una media de  20 mínimo al año) y han recibido, al menos, una cita  en  ese  tiempo. Parecen parámetros poco discutibles:

Entre las  diferentes modalidades de  Google  hay una de particular interés; el listado anual de las 100 revistas de mayor impacto por idiomas, siempre según el índice H de  estas revistas12. En ese listado aparece la lengua española en cuarto lugar, por detrás del inglés, el chino y el portugués, éste por la potencia científica de Brasil:

Figura 1. Listado de revistas de Google  por idiomas

Idioma

Índice h5

Corte por debajo

Inglés

366

114

Chino

47

23

Portugués13

46

12

Español

33

12

Alemán14

34

8

Fuente. elaboración propia.

Hace seis  años –cuando la  primera edición de  este listado– se  cortaba la  lista con un iH  de  9,  lo  que suponía que las cabeceras contempladas tenían al menos 9 artículos con 9 citas agrupadas en  ellos,  o sea, al menos 81 citas en el conjunto de esos  9 artículos. Ese corte ha ido subiendo, en 2017 se puso en 12: doce artículos con un mínimo de 12 citas en ellos, un grupo de 142 citas como mínimo en ese  conjunto de 12 revistas.

De  81  a 142  hay un salto cualitativo de   especial interés. Es  de  suponer  –visto los  años transcurridos- que ese corte seguirá aumentando, debido a que hay un interés creciente y  un indudable aumento de   la  cultura  científica editorial del  profesorado universitario. Esto  último es lo mejor del panorama con  el que nos encontramos.

Este  concepto, algo   novedoso, “cultura  científica editorial”, en  el  caso español ha ido  apareciendo y  creciendo tras las sucesivas publicaciones por  el   grupo  de   Granada  de   los índices anuales  y  cuatrienales de   impacto de   las   revistas de  Ciencias Sociales, que ha ido  calando en  el  profesorado universitario. Ese concepto es lo que hace posible el aumento de  la  calidad de  una revista, porque en  una comunidad donde el  profesorado no  publica son  menores las  posibilidades de  las revistas dirigidas a ese  profesorado en  esa  determinada área de conocimiento. Mayor será la facilidad en las grandes áreas, donde el volumen de su profesorado en superior. Son los casos de Salud y  Educación, junto a Economía, donde ese  número posible de citas es más grande, por las razones apuntadas. Aquí,  está el quid de  la  cuestión: la  revista académica es  siempre (o ha de  serlo), un proyecto de  servicio a la comunidad en  general, más allá  de los límites institucionales y nacionales. No ha de estar destinada a la pequeña comunidad del  centro o institución que financia el proyecto. Este  es un error muy arraigado. Tampoco la revista ha de  servir de  publicidad de  quien la financia, para entregar a las visitas.

Tipo de revistas

Hay  que tener claro qué tipo  de  revistas tenemos o deseamos15. La  lista de  las  100  revistas en  español más citadas que publica Google  da  cuenta de  que por encima de  la  mitad las  cabeceras más importantes corresponden a Salud y Educación, muestra de la  fortaleza de  ambas disciplinas y de  su  universalidad y de  su edad dentro de la academia reglada. El resto está muy repartido entre las  otras áreas de  conocimiento. Entre esa  mitad alta hay revistas de Cuba, de México, de Perú, Chile, Colombia (Uninorte)… España.

Suele ocurrir que la lista presente errores: las revistas que, cuando esto  escribo, ocupan los  puestos 82  y 83  es  una misma16. Suele suceder ese  tipo  de  confusión, producto del  robot que forma las listas. Esa  máquina, entonces, viene a ser  de  alguna manera un elemento objetivo en la confección ciega del listado. Y una especie de garantía.

Llegado a este punto nos  hacemos la gran pregunta: ¿hay algún motivo para que estas novedades no se infiltren en las instituciones que han de  evaluar al profesorado? Y otra, ¿seguiremos usando el aceite de  ballena, cuando ha aparecido el otro tipo  de  aceite, que da la misma prestación y es más barato? Tendrá que ocurrir, llegará el momento en el que un país acepte la novedad y se plante y deje de abonar cada año esas facturas millonarias por consultar los  datos de  determinadas bases de  revistas, que no  implican necesariamente calidad de  contenidos. En ocasiones, el pago es doble: primero, para financiar con  dinero público la mera investigación; después, para conocer sus  resultados de  forma abierta, en ocasiones de nuevo con  dinero público.

En  Valencia (España) se  edita una revista de  cine que está presente en  dos  de  las  bases de  datos de  la antigua Thomson Reuters. En la  lista de  los compañeros de  la  Universidad de Granada, esta publicación (L’Atalante) aparece al  final, en  el cuarto cuartil (Q4) solo  con  una o dos citas en  los cinco años contemplados, según el año de publicación de esa lista. ¿Algún misterio?

Sucede otra realidad: hasta este novedoso sistema de  Jorge Hirsh, un artículo era bueno y merecedor de la gloria si estaba publicado en una revista de renombre, aunque esto  sea –como es–  un concepto subjetivo y  de  dudosa rigurosidad. Ahora, con  la  existencia del  índice H,  un artículo será bueno si  la comunidad a la  que va  destinado lo  distingue con  sus  citas en  otras revistas, en  otros artículos, que lo  hayan utilizado para cimentar la nueva información localizada. Las citas de la comunidad superan el interés de los revisores ciegos que haya tenido un artículo.

El paper se ha divorciado de la cabecera de la revista que le da cobijo y empieza a valer por sí mismo. Esto  es fundamental. Por  ello,  el autor hoy  está obligado a mover su  artículo entre la comunidad de  interesados, hacerlo llegar a la colectividad correspondiente, porque si es bueno es citable y será citado. Aquí  vuelve a aparecer el  fantasma de  la  perversidad de  la que ya  hemos hablado… Que  quede claro. El autor no  se  ha de  desentender de  su  artículo publicado como sucedía hace pocos años atrás. Hoy  se  recomienda que lo  mueva en  las redes sociales científicas, para que el trabajo no  se duerma y haga viejo  en las páginas de la revista que lo publicó.

Conclusiones

Llegados a este punto, creo que solo  nos  falta dar unas pocas pautas acerca de  cómo es  un artículo científico, suficiente para superar el  filtro de  la  evaluación  doble ciego. Papers los hay de  distinto tipo. Algunas revistas prefieren el artículo que es  producto de  un proyecto de  investigación, mejor si es  financiado. Lo  de  ser   financiado no  es  una nadería: en principio, el proyecto financiado ha superado el examen del evaluador de   proyectos  de   la  institución que ha  decidido financiarlo, lo cual ya  es  un punto a su  favor. Por  eso  conviene citar ese  detalle.

Aparte tenemos el formato particular del  trabajo. En  España, por ejemplo, ha habido un tiempo, creo que superado, en  que la mayoría de los artículos publicados en las revistas más sonadas en papel no presentaban la palabra “investigación” o “metodología”, porque ni  eran de  investigación ni  partían de  una metodología que diera rigor al  producto. Hoy,  algunas revistas rechazan de entrada el trabajo que no muestre un entramado metodológico.

Por  tanto, el  artículo de investigación es el que aparentemente tiene mayor valor. Esto  no  reniega de  otros formatos como el ensayo, pero está claro que el autor del  ensayo ha de ser  alguien con  una carrera detrás, que avale las  reflexiones contenidas en un ensayo. Nos  centraremos en  el  artículo de  investigación.  Lo primero de  todo, el  tema, que ha de  ser  novedoso y de  interés para la colectividad: un trabajo sobre el Brexit ha de ser  de mayor interés que otro sobre la  guerra de  secesión de  Estados Unidos. Por  ejemplo.

El titular es importante, porque va  a ser  uno de  los  elementos que tomará el robot de las bases de datos para indexar el paper. No ha de haber interrogantes en su título y ha de ser  corto y directo. Ha de “contener la información esencial del contenido del trabajo y lo suficientemente atractivo para invitar a su lectura” (Cabrera y Carro, 2007).  En el título se ha de incluir la palabra que indique la intención y el objetivo del  artículo. Bajo el título en  español se ha de repetir en inglés.

El resumen ha de ser igualmente claro y, lo ideal, es que se subdivida en  los  apartados del paper: introducción; objetivos, metodología, resultados, discusión y conclusiones. Si a cada subapartado se le dedica un par de líneas, ya tendremos un abstract correcto.

Las  palabras clave17 han de  ser  pocas y directas, no  más de  seis, separadas por un punto y coma18. Para que sean captadas por el robot de  la  base de  datos. Si son  numerosas, el robot pasará de largo, confundido con  un párrafo más del trabajo y  perderemos la ocasión de ofrecer pistas para la mejor indexación del trabajo.

Algunas revistas exigen que se muestra el índice del artículo, “Contents” en  inglés. Otras incluso exigen que se publique el nombre de quien ha hecho la traducción, para evitar que en un apuro el autor emplee un programa de traducción y aparezca un disparate.

Por fin empieza el paper en sí, bajo el epígrafe de “Introducción”. Aquí  es  donde el autor expone los  antecedentes y los  otros autores en  los que se ha basado para acometer su  trabajo.  Es un apartado con  vocación para las  citas a otros autores –que no  se  han de desperdigar por todo el  texto-. Aquí se  han de exponer los objetivos y los propósitos del  investigador. Ha de ser  un espacio para dar valor al trabajo que deseamos que se publique.

El  siguiente epígrafe ha de estar dedicado a la metodología empleada, exponiéndola con  todo detalle, sin  escatimar espacio. Es el momento de ofrecer tesis e hipótesis, que se han de  mostrar con  toda claridad y sencillez. La muestra sobre la que se  trabaja se  expone con  toda claridad y se  justifica su calidad y cantidad. Es aquí un punto donde los  evaluadores suelen incidir, preguntándose porqué esa  cantidad y no  otra. Si se  explica con  plena claridad, habrá menos motivos para que se  cuestiones en  la  evaluación ciega que se  haga en  la revista y fuera de ella.

Tras un contundente apartado sobre metodología y  la aplicación del  método elegido, solo  resta presentar los resultados obtenidos, considerado el “eje  fundamental del artículo” (Cabrera y Carro, 2007)-  Este  es  un apartado muy expositivo, que da  paso a la discusión de  los resultados. Aquí se contrastan los resultados con  las hipótesis avanzadas y una a una se aclara si han resultado válidas o no. No hay que tener problema en  asegurar que una hipótesis no  haya quedado aprobada. Para eso  la  discusión de  los  resultados, antes de pasar a las conclusiones.

En   el   capítulo  final  se   enumeran  las   conclusiones  (no confundir con  discusión), que han de  ser  de  nuestra autoría; aquí no valen las citas a otros autores, a no ser  para comparar nuestros resultados con  los  de  otros, pero se  desaconsejan unas conclusiones llenas de  citas. En  algunas revistas es  un detalle válido para rechazar un artículo.

El  trabajo  cierra  con   las   referencias  bibliográficas. Aquí se  ha de  evitar el  abuso de  autocitas; digo  abuso, no  que se eliminen todas las  referencias al autor, pues es justo que si hay citas propias, éstas tengan cabida en  las referencias siempre que sean pertinentes y adecuadas. Conviene que haya citas variadas de autores, y que los haya de distintas procedencias. Las entradas que aparezcan en  las  referencias han de  ser  reflejo de  las  citas presentes en  el  cuerpo de  texto; evitar, por tanto, entradas bibliográficas de autores no citados en el cuerpo de texto, porque es otro motivo para rechazar un artículo.

Una  vez  terminado el  artículo es  cuando hay que penar en  el destino. Hay  que estudiar bien las  condiciones de  presentación de la revista elegida y acoplarse a sus exigencias. Por ejemplo, hay que contemplar si ese  journal exige que al autor tenga su código personal, el ORCID, por ejemplo, para evitar que al trabajo caiga en la primera revisión, la interna, que se haga en la redacción de la revista.

Notas al pie

1 Gobierno francés durante la ocupación nazi en la II Guerra Mundial

2 https://harzing.com/resources/publish-or-perish

3 “Así pues, yo tenía un problema”, empieza la cita  de Umberto Eco, cuando encontró un ejemplar de  L’idee de Beau  dans la philosophie de Saint Thomas d’Aquin (Lovaina, 1887), del abad Vallet.

4 Se puede descargar desde la web de la Universidad del  País Vasco: http://www.upv.es/laboluz/master/seminario/textos/umberto_eco.pdf

5 AERES, Agencia (francesa) para la Evaluación de la Investigación y de la Enseñanza Superior - Agence d’ Evaluation de la Recherche et de l’Enseignement Supèrieur http://www.revistalatinacs.org/12_causas/aeres2011.pdf

6 “Google cambia el paradigma de la métrica científica” http://revistas.ucm.es/index.php/HICS/article/download/44327/41882

7 ISSN = International Standard Serial Number, que da  a cada publicación periódica (no a libros – ISBN) un número identificador único de registro. ISBN = International Standard Book Number.

8 Ulrichs = se define como “una fuente de información detallada y fácil  de usar”, con más de 300.000 publicaciones periódicas de rodo tipo… provistas de ISSN.

9 http://ec3.ugr.es/in-recs/

10 Journal Scholar Metrics: http://www.journal-scholar-metrics.infoec3.es/layout. php?id=home

11 Ulrichs (que es la base más amplia, en la que se entra por la vía del ISSN), Science Master List  Journal, Scimago (reflejada  en  Scopus) y otras (MLA, Science Abstracts,  Sociological Abstracts… además de Google Scholar Metrics).

12 https://scholar.google.com/citations?view_op=top_venues&hl=es&vq=en

13 Este dato supone que hay 46 revistas con un mínimo de 46 citas cada una, mientras que, en  el  caso español, la  primera de la  tabla tiene 33 artículos con  esa  cantidad mínima de cita. La diferencia es apreciable.

14 Solo una revista con  más de 30 citas, frente a dos  de la tabla de español.

15 “Fundamentos de una revista científica: ¿qué es? Y ¿para qué?” – Lecciones del InCom – Instituto de la Comunicación – Universidad Autónoma de Barcelona, UAB

16 82. Revista Científica Salud Uninorte; 83. Revista Salud Uninorte.

17 Keywords y no Key words.

18 Ese  número y la forma de  separación no es  caprichoso. Es lo que señalan algunos especialistas y señala el manual del programa Adobe Dreamweawer. DW.


Referencias

Cabrera, y  Carro (2007).   Modelo de  artículo.  Revista Latina de Comunicación Social. http://www.revistalatinacs.org/modelo_ articulo.html

De Pablos, J. M., Mateos, C., y Túñez z, M. (2013).  Google  cambia el paradigma de la métrica científica. Historia y Comunicación Social, 18(Esp. Dic.), 225-235. doi:  https://doi.org/10.5209/rev_HICS.2013. v18.44327

De Pablos, J. M. (19 de marzo de 2013). Fundamentos de una revista científica, ¿qué es? y ¿para qué? Portal Comunicación. http://www.portalcomunicacion.com/lecciones_det.asp?id=79

Eco, U. (2009).  Cómo  se hace  una  tesis. Técnicas y procedimientos de estudio, investigación y escritura. (6ª ed.).  Barcelona: Gedisa.

García, G. (2012).  Yo no vengo a decir  un discurso. Barcelona: Debolsillo.