EL CIRCO SOCIAL: UNA PROPUESTA DE TEJIDO COMUNITARIO
THE SOCIAL CIRCUS: A PROPOSAL FOR COMMUNITY FABRIC
O CIRCO SOCIAL: UMA PROPOSTA DE TECIDO COMUNITÁRIO
1.Jessica Andrea Flórez Nustes, 2. Angie Yineth Laguna Barragán
1. Universidad de Cundinamarca, Jeka-130@hotmail.com, Colombia
2. Universidad de Cundinamarca, angielaguna.24@hotmail.com, Colombia
Recibido: 15 de mayo de 2016 Publicado: 12 de noviembre de 2016Aceptado: 28 de junio de 2016
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Flórez Nustes, J. A., & Laguna Barragán, A. Y. (2016). El circo social:una propuesta de tejido comunitario (The social circus: A communitary fabric proposal). Inclusión Y Desarrollo, 4(1), 52-61.
Resumen
A través de este artículo se presenta la creación y la implementación del circo social como una estrategia artística que fortalece el tejido comunitario con los niños y las niñas del barrio Alto de la Cruz de la ciudad de Girardot, Colombia. La metodología usada es de tipo investigación-acción participativa, centrada en talleres participativos, diarios de campo, observación participante y entrevistas semiestructuradas con niños y niñas de edades entre los siete y los once años, de instituciones educativas públicas y privadas. Según informes del Plan de Desarrollo: "Girardot tiene con qué" 2012-2105 (Alcaldía de Girardot, 2012), esta comunidad posee un alto desarrollo comercial y turístico, pero, a su vez, presenta ciertos riesgos psicosociales como delincuencia, pobreza, exclusión social, desempleo y consumo de drogas, lo que exponen a niños y niñas a estas problemáticas sociales. De acuerdo con el proceso de investigación, se presenta el circo social como una alternativa para potenciar el tejido comunitario, el aprendizaje colaborativo y la formación integral a partir de las técnicas circenses.
Palabras Claves: circo social, tejido comunitario, aprendizaje colaborativo, bioaprendizaje.
Abstract
Through this article, the creation and implementation of the social circus is presented as an artistic strategy that strengthens the community fabric with the boys and girls of the Alto de la Cruz neighborhood of the city of Girardot, Colombia. The methodology used is participatory action research, focused on participatory workshops, field diaries, participant observation and semi-structured interviews with boys and girls between the ages of seven and eleven, from public and private educational institutions. According to reports from the Development Plan: "Girardot has what" 2012-2105 (Mayor's Office of Girardot, 2012), this community has a high commercial and tourist development, but, at the same time, it presents certain psychosocial risks such as crime, poverty, social exclusion, unemployment and drug consumption, which exposes boys and girls to these social problems. In accordance with the research process, the social circus is presented as an alternative to enhance the community fabric, collaborative learning and comprehensive training based on circus techniques.
Keywords:social circus, community fabric, collaborative learning, biolearning.
Resumo
Através deste artigo, a criação e implementação do circo social é apresentada como uma estratégia artística que fortalece o tecido comunitário com os meninos e meninas do bairro Alto de la Cruz da cidade de Girardot, Colômbia. A metodologia utilizada é a pesquisa-ação participativa, focada em oficinas participativas, diários de campo, observação participante e entrevistas semiestruturadas com meninos e meninas de sete a onze anos, de instituições de ensino públicas e privadas. Segundo relatórios do Plano de Desenvolvimento: “Girardot tem o que” 2012-2105 (Prefeitura de Girardot, 2012), esta comunidade tem um elevado desenvolvimento comercial e turístico, mas, ao mesmo tempo, apresenta certos riscos psicossociais como criminalidade, pobreza, exclusão social, desemprego e consumo de drogas, o que expõe meninos e meninas a estes problemas sociais. De acordo com o processo de investigação, o circo social apresenta-se como uma alternativa de valorização do tecido comunitário, de aprendizagem colaborativa e de formação integral baseada em técnicas circenses.
Palavras-chave:circo social, tecido comunitário, aprendizagem colaborativa, biolearning.
DOI del artículo: https://doi.org/10.26620/uniminuto.inclusion.4.1.2017.52-61
Introducción
El barrio Alto de la Cruz posee un alto desarrollo E comercial y y turístico en la ciudad de Girardot Cundinamarca; sus habitantes y comunidad en general se caracterizan por ser una población con amplia variedad de culturas, aunque no es menos importante la influencia de problemáticas sociales que trascienden las vidas de sus habitantes -niños, niñas, jóvenes adultos y adultos mayores. La invasión, el desplazamiento forzado, la marginalidad, la delincuencia, el maltrato y las múltiples familias que acoge el sector, influyen negativamente en los espacios comunitarios y, en especial, en las acciones educativas propias del gobierno local; por esta razón, los niños y las niñas pertenecientes a esta comunidad son espectadores y partícipes de situaciones de riesgo psicosocial, como delincuencia, pobreza, exclusión social, desempleo y drogadicción, según informes del Plan de Desarrollo: "Girardot tiene con qué!" 2012-2015 (Alcaldía de Girardot, 2012).
En especial, la mayoría de niños y niñas no cuentan con programas de formación alternos a la escuela; por tal motivo, en su tiempo libre conviven en diferentes espacios, como la calle, el parque y las casas de los vecinos, en los que aprenden, conviven y construyen su personalidad e ideal de mundo. Las problemáticas sociales que se le atribuyen al barrio en mención, inquietan e inciden de manera desfavorable en el desarrollo de habilidades sociales y artísticas, pero también en los sueños, los proyectos y los procesos de cambio social de las comunidades. La idea de una formación integral se ve vulnerada por el escaso diálogo entre padres e hijos, las situaciones de violencia en los hogares y de cuidado y afectos transgredidos, la participación silenciada y el descontento por el presente.
Ante dichas problemáticas, surge el interés investigativo, por parte de profesionales de la educación, por implementar desde acciones pedagógicas el circo social, como un posible juego de roles, en el que se construyan procesos solidarios, artísticos y culturales con la idea de que la comunidad se interese por la formación de los niños y las niñas; una experiencia a través de la que se afirma que ellos son sujetos que agencian sus derechos, y que los adultos son los responsables de mediar y facilitar los espacios para liberarse de situaciones de opresión. En esta línea, el circo social denota una de tantas posibilidades del lenguaje y del bioaprendizaje que liberan al niño y a la niña de las obligaciones impuestas por la cultura y el mundo de su cotidianidad.
Se ha elegido el campo de las artes, dado que cuenta con amplias posibilidades para ser abordado desde la educación, pues facilita el encuentro y la comunicación, indaga por el encuentro con el ser, con el creador, con el imaginario y con la exploración de los sentidos y, a su vez, requiere de la construcción individual y colectiva, la disciplina, el proceso de asombro propio de las acciones infantiles y la conexión entre la técnica y la práctica; igualmente, porque los procesos artísticos sanan heridas personales y construyen lazos afectivos, consigo mismo y con quienes participan en el proceso.
Es por esto que se propone el circo social como una estrategia artística para fortalecer el tejido comunitario con niños y niñas, fomentando la participación para integrar la comunidad y potenciar vínculos sociales desde procesos de experimentación artística. El presente artículo aborda conceptos categoriales que guían la comprensión teórica de la propuesta como una aproximación a la noción de circo social, la referencia a los componentes pedagógicos que antecedieron al circo social, como el juego dramático y el aprendizaje colaborativo; el concepto sobre los procesos de bioaprendizaje en el circo y, por último, narrara algunas experiencias significativas y reflexiones que se dieron durante el proceso.
DESARROLLO DEL PROCESO DE INVESTIGACIÓN Y METODOLOGÍA
Las indagaciones realizadas en trabajos de grado y otras investigaciones realizadas por educadores en Colombia, durante los últimos cinco años, se centraron en las posibilidades del circo social como espacio para compartir saberes y nuevos aprendizajes. Las búsquedas de referentes fortalecen la información sobre el desarrollo del circo social en talleres de formación en la práctica recreativa y artística, de autoconocimiento y superación de adversidades sociales; por ello, se destaca el Circo Axioma, compañía de arte circense –circo, arte y educación– (Gobernación de Antioquia, 2013), ganadora del premio “Antioquia la más educada” (Botero, 2012).
Axioma Circo se destaca como un circo que habla, a través de artistas en espacios formativos que dialogan con la vida juvenil. Esta experiencia inspiradora escarba las posibilidades del lenguaje en todas sus dimensiones. Por su parte, Carampa (2016), es una escuela española de circo para todos, donde se implementan técnicas circenses, se intercambian conocimientos en un ambiente abierto y se divulgan las artes circenses como actividad de ocio creativa y deportiva, pero también como una manera particular de contar las historias y de mostrar las posibilidades de concentración, equilibrio y expresividad del cuerpo. Sin embargo, aunque en Colombia no se encuentran acciones de circo social importantes para destacar, desde un enfoque critico-social de educación alternativa y aprendizajes experienciales, rastreando, bajo preceptos de educación popular y proyectos de orden psicosocial, se halló en 2013 una propuesta pedagógica manejada desde el circo y el clown en la ciudad de Bogotá.
Basada en estas propuestas y enriqueciendo los aportes prácticos, se desarrolla bajo la modalidad de investigación-acción participativa (IAP) la posibilidad de acompañar a la comunidad en la formación de once niños y niñas del Barrio Alto de la Cruz de la Ciudad de Girardot, Cundinamarca, en espacios abiertos. La IAP acercó a los investigadores y a la comunidad al proceso de creación intelectual, pero también de lucha social (Fals-Borda, 1987) –haciendo referencia a la participación justa y democrática de niños y niñas como sujetos históricos y grupos de referencia portadores de un saber popular en la construcción de una “ciencia popular”–, a través de talleres de formación en los que, sin ser las autoras investigadoras disciplinares en artes circenses o plásticas, el español y el inglés, asignaturas en las que sí son licenciadas, sirvieron como elementos de referencia para inquietar a la comunidad de niños y niñas sobre sus potencialidades.
De esta manera, se busca comprender e interpretar las potencias de niños y niñas, especialmente expresadas en sus capacidades para danzar, cantar y manifestar sus imaginarios en expresiones artísticas con materiales de su entorno. Esta puesta en escena, apoyada en el arte circense desde el enfoque crítico-social, se orientó hacia la realización de talleres, con el fin de observar, en las relaciones e interacciones y de una manera equitativa, los intereses propios de los niños. A través de diarios de campo, de la creación de un grupo focal y de un taller de saberes se acumularon registros escritos que aportaron a la identificación, interpretación y organización de la información. Por ello, la investigación sustenta con apartes de la realidad el proceso vivido por los participantes.
APROXIMACIÓN AL CONCEPTO DE CIRCO SOCIAL COMO ESTRATEGIA DE TEJIDO COMUNITARIO
Cuando se habla del concepto de circo, generalmente se piensa en un espectáculo de diversión, de carácter lucrativo, donde el objetivo general es entretener al público. El circo tradicional surgió en 1770 en Gran Bretaña, extendiéndose durante varios años a diferentes países. El espectáculo convencional se presenta en una gran carpa con personajes como payasos, acróbatas, malabaristas y animales; el show es el resultado de un entrenamiento suficiente, del profesionalismo y de la perfección en el uso de las técnicas.
Actualmente, varias de las características del circo se mantienen; sin embargo, con el paso del tiempo, el circo se ha transformado en cuanto a sus propósitos e intenciones en la sociedad. Se aclara que para las investigadoras el circo no sólo se reconoce dentro de un recinto circular (espectadores-público-artistas), sino que puede llegar a ser un espacio de interacción amplio sin estructuras rígidas, donde los integrantes se forman para la vida y se relacionan en diferentes vías, aprendiendo a convivir y enfrentándose a las situaciones de riesgo social.
El circo social es un proceso de formación para la vida; por esto, según Alcántara (2012) “(...) es un proceso de enseñanza-aprendizaje de técnicas circenses que tiene como finalidad la inclusión de personas en situación de riesgo social” (p. 1). En otras palabras, el circo social brinda las oportunidades para que cada participante fortalezca sus habilidades comunicativas, capacidades corporales y actitudes en su formación personal, permitiendo que cada uno tome una posición crítica ante situaciones que puedan presentarse en el arte circense y reflexionando sobre los hechos sociales que acontecen.
Asimismo, el circo social genera un espacio para el fortalecimiento en valores; al respecto, Alcántara afirma que “(...) formar artistas no es la gran meta. El circo es tan sólo la excusa para trabajar la educación en valores” (Gónzalez, 2010), debido a que se buscan nuevas maneras de explorar y convivir en comunidad, consolidando una formación integral que provoque trasformaciones de la realidad en la que se encuentran inmersos niños y niñas.A partir de la construcción de un personaje, del dominio de una habilidad y del apoyo grupal en la producción de un espectáculo, los niños y las niñas que han formado parte de este proceso de investigación adquirieron un conocimiento a partir de la experiencia personal y grupal que les es útil, necesario en sus vidas y en la comunidad que construyen.
Por esto, las técnicas circenses durante la investigación fueron tan solo una excusa para vincular a la comunidad y, a su vez, lograr implícitamente la formación integral de los participantes. Por ello, surge el interrogante: ¿cuál es la relación entre el circo social, los procesos de tejido comunitario y la formación para la vida?
El circo social se convierte en una estrategia de tejido comunitario que permite la integración, la participación y la interacción con la comunidad a través de expresiones artísticas, convirtiéndose los padres de familia en un apoyo para sus hijos e hijas en su intervención dentro del proyecto; además, permite promover procesos autónomos y de autodisciplina en los integrantes, potenciando sus propias habilidades corporales, creativas y comunicativas, para fortalecer aprendizajes relacionados con sus procesos cognitivos, físicos y sociales. Cada niño y niña, de manera autónoma, se apropia de su personaje con dedicación y práctica, mejorando su técnica circense, como lo enunciaba Fellini en 1970 (citado por Arroyave, 2012): como clown, blanco o no, quería hacer reír; era su “misión” y su “vocación”, decía, pero las artes circenses por ello cuentan con la autonomía de quien actúa y de quienes son espectadores. Cada acto sugiere o revela cosas que no se habían previsto, ríe o llora por sí solo. Fellini se lamentaba y manifestaba que el cómico por ello se comunica independientemente de que sufra un dolor; la manifestación y la expresión de sentimientos florecen con una comunicación alternativa de gestos, miradas y acciones corporales disímiles o iguales a nuestra realidad, ya sea en el preparativo circense o en acto como tal.
El circo social no busca que los integrantes perfeccionen sus actos, tampoco busca integrantes que tengan una habilidad ya desarrollada, “(...) esto parte del hecho de que todo el mundo puede hacer circo. Hay personas que tienen más agilidad que otras, pero en el proceso creativo todo suma, tanto si eres bajito como obeso” (Alcántara, citado por González, 2010, párr. 6); el circo se convierte en un espacio donde no existen preferencias, limitaciones y obstáculos físicos o cognitivos que impidan participar. Existe, entonces, un deseo intrínseco (personal) de participar, de descubrir las posibilidades expresivas del cuerpo y el movimiento corporal; desde la niña más pequeña hasta el niño más grande, todos aprenden de todos, convirtiéndose en maestros de sus propios compañeros y apoyo en la construcción de personajes.
Con ello, y siguiendo los postulados de procesos de mediación planteado por Vygotsky (1995), el adulto facilita los primeros acercamientos del niño y la niña al arte circense, generándose momentos de formación y exploración de habilidades, pero es en este proceso dónde prima la afectividad, la acogida y el disfrute, es decir, el arte circense como una gratificante experiencia compartida.
EL JUEGO DRAMÁTICO Y EL APRENDIZAJE COLABORATIVO
Para la construcción del circo social es necesario incluir ejercicios de exploración y reconocimiento del cuerpo y de sus destrezas, a fin de potenciar las habilidades comunicativas y creativas de los integrantes y fortalecer la pulsión colectiva del grupo.
El juego dramático es un componente que se define como una estrategia que permite explorar las experiencias y las realidades en el niño desde diferentes roles. Según lo afirma Sarlé (2014) el niño “(...) tiene como base la posibilidad de sustituir y representar una situación tomada de la experiencia (...), transformándola en otra a partir de las posibilidades de su imaginación y su capacidad de operar con simbolizaciones” (p. 9); debido a ello, es capaz de darle nuevos usos a diferentes objetos que se encuentran en su entorno para las representaciones de sus personajes y actos; transformando estos objetos, las acciones y las personas, construyen otras maneras de interactuar, expresar y crear.
Hay que mencionar, además, que dentro de la construcción del circo social se presentan simulaciones de la vida real, como manifestaciones de la forma en que los niños y las niñas representan mental y comunitariamente las realidades, que se hacen evidentes en el momento de la práctica o los ensayos de sus personajes, no sólo transformando el uso de los objetos sino también de sus propias identidades.
Asimismo, el juego dramático dentro del circo social posibilita a niños y niñas apropiarse de un personaje acudiendo a diferentes formas de hablar y de actuar, interactuando con los otros integrantes que asumen su correspondiente rol (Sarlé, 2014). El juego les permite involucrarse en esa situación, tomando un papel que no es el que habitualmente desempeñan, experimentando nuevo roles e inesperadas sensaciones de la realidad, desde una postura escénica y un juego dramático particular que se conjugan con el deseo de emocionarse, aprender y experimentar en libertad, poniendo en acción las posibilidades de crear, sentir y actuar de un personaje.
Otro componente que influye en el proceso de la creación del circo es el aprendizaje colaborativo; con esta estrategia es posible reforzar la construcción de relaciones humanas entre los mismos miembros de un grupo, con quienes se aprende, se fortalece e interactúa, logrando un beneficio común. Se logra trabajar en equipo para potenciar las habilidades creativas y artísticas, a través de la personificación y preparación de todo el espectáculo. Según Johnson, Johnson y Holubec (1999), “El aprendizaje colaborativo aumenta la seguridad en sí mismo, incentiva el desarrollo del pensamiento crítico, fortalece el sentimiento de solidaridad y respeto mutuo, a la vez que disminuye los sentimientos de aislamiento” (1999). En el aprendizaje colaborativo los niños y las niñas están comprometidos, lo que genera ambientes de responsabilidad, motivación y aprendizaje entre compañeros, alejándose de la perspectiva del trabajo individual.
De ahí que dentro de la construcción del circo social, el aprendizaje colaborativo promueva la interacción de la comunidad, mejore las relaciones interpersonales, fortalezca una serie de habilidades comunicativas y corporales que permiten a niños y niñas aprender a trabajar juntos, aprovechando al máximo el potencial que cada uno tiene y aportando a su formación integral, cuyo principal objetivo es que las personas aprendan en la acción valores, inherentes al circo, como son el binomio riesgo-seguridad, la solidaridad, la imaginación, la confianza, la paciencia, la perseverancia y el trabajo en equipo (Luna, 2009); asimismo, permite que los integrantes de la comunidad, que están inmersos en la construcción del circo social, desarrollen habilidades comunicativas y aprendan a asumir responsabilidades.
Ahora bien, a partir de lo dicho anteriormente, las técnicas circenses favorecen las relaciones sociales dentro de la comunidad fortaleciendo el tejido social, teniendo en cuenta la existencia de ciertas problemáticas sociales. Por esto, desde esta propuesta, se construye un tejido entre niños, niñas, vecinos y familia desde una estrategia dinámica y creativa, debido a que el circo, al ser comunal, es social; cuando la comunidad se hace cargo de sus problemas y se organiza para resolverlos, desarrolla sus propios recursos, convirtiéndose en agente de trasformación social.
El tejido comunitario se comprende como una red que presenta un intercambio dinámico entre los participantes, en la que se dan múltiples formas de relacionarse, se asume responsabilidades y compromisos y, a su vez, se desarrollan sentidos de pertenencia. Para Packman (citado por Montero, 2005) “la red es sobre todo una estructura social que permite difundir y detener, actuar y paralizar, en la cual las personas y la sociedad encuentran apoyo y refugio además de recursos” (p. 173). La red se convierte en una posibilidad social, fraternal y de unión para los participantes de una comunidad que busca la integración creando vínculos de afinidad y amistad. Asimismo, para Montero (2005), la red se define como una metáfora de tejido de relaciones humanas, en la que cada hilo es indispensable y necesario, con diferentes formas y funciones que contribuyen a una misma misión. En la red se crean fuertes lazos de interacción y relaciones sociales, uniendo los intereses y las necesidades de los participantes, permitiendo una mejor organización, interacción y participación, ya que esta aporta, ayuda y beneficia a la comunidad constituyéndose en una respuesta para resolver los diferentes problemas que existen.
Por tales razones, el circo social es un medio para lograr esta red comunitaria a través de la investigación, con la intervención de niños, niñas y otros entes sociales, en la que, ya que el tejido es dado a la diversidad humana, todos los integrantes pueden pertenecer sin importar su edad, género o habilidades artísticas. La red es una construcción colectiva que aporta a mejorar las relaciones interpersonales con los vecinos.
Durante la experiencia, las relaciones entre los integrantes de la comunidad con niños y niñas del barrio Alto de la Cruz de Girardot han empezado a tejerse y a fortalecerse, ya que estar en constante interacción con el otro permite entrelazar y mejorar estas relaciones de manera asertiva, haciendo que el apoyo de la comunidad permanezca y sea motivación para los participantes
PROCESOS DEBIO APRENDIZAJE EN EL CIRCO SOCIAL
El bioaprendizaje se entiende desde la articulación de los términos bio (‘vida’) y ‘aprendizaje’, lo que significa: “Aprender para la vida”; esto implica que la vida misma brinda los elementos para que el ser humano aprenda permanentemente, que, al estar en constante interacción con el contexto, pueden aportarle a su formación integral. Aprender no sólo se hace a través de estudio, sino también de las relaciones internas del cuerpo –como las sensaciones–, y de la interacción con los otros y con el contexto social en el que se encuentra inmerso. Así lo expresa Maturana (1996) “aprender es convivir, es decir, el aprender se da de una manera o de otra en la transformación que tiene lugar en la convivencia y consiste en vivir el mundo que surge con el otro” (p. 244).
Hay que mencionar, además, que interactuar y convivir con el otro despierta emociones y sentimientos como el amor, que es el promotor de todas las acciones del ser humano tendientes a establecer buenas relaciones, transformando no solo la realidad propia sino de las otras personas. Según Maturana (2001) “(...) el amor es el domino de las acciones que constituyen al otro como un legítimo otro en la convivencia” (p. 14), y es ese modo de convivencia el que se connota cuando se habla de “lo social”.
De esta manera, el amor nace a partir de la convivencia constante con el otro, compartiendo experiencias y objetivos y, al mismo tiempo, generando un aprendizaje para la vida desde la iniciativa propia.
Por otra parte, se considera que las palabras y las acciones del ser humano determinan las situaciones, las realidades y las problemáticas con las que se convive dentro de la comunidad; en este sentido, Larrosa (2002) afirma que “(...) tiene que ver con las palabras el modo en que nos colocamos ante nosotros mismos, ante los otros, y ante el mundo en el que vivimos. Y el modo como actuamos en relación a todo eso” (2002, p. 166). Por tal motivo, los niños y las niñas por medio de las palabras manifiestan los problemas que tienen en sus casas describiendo todo lo que sienten y observan.
El bioaprendizaje se evidencia dentro de la construcción del circo social en el momento en que los niños se convierten en apoyo para sus compañeros y aprenden los unos de los otros, estableciendo relaciones, afectos y vínculos, y, a su vez, descubriendo cosas juntos que reflejan las realidades de cada uno. El circo permite explorar las emociones básicas del ser humano, lo que permite buscar formas de afrontar la rabia, la pena y las frustraciones que por las condiciones del entorno viven los niños y las niñas; por lo tanto, interactuar con el otro permite adquirir nuevas maneras de pensar y de actuar frente a las diferentes circunstancias sociales como el escaso diálogo entre padres e hijos, la falta de afectividad, situaciones de violencia, poco cuidado y atención familiar.
EL CIRCO SOCIAL “LOS DIOSES DE LA DIVERSIÓN”
Durante un año de aplicación de la investigación, la metodología usada fue de tipo investigación-acción participativa3, con una muestra de doce infantes, entre niños y niñas, de edades entre siete a once años, con instrumentos y técnicas como el diario de campo, los talleres participativos, las entrevistas semiestructuradas y la observación participante.
La investigación inició con talleres participativos de cuerpo, espacio y voz, que tenían como objetivo específico fortalecer y potenciar habilidades artísticas, sociales y culturales desde el bioaprendizaje. Los talleres de cuerpo fueron actividades en las que los niños y las niñas construían en grupos objetos cotidianos como relojes, carros, casas, etc.; además, se realizaron actividades de baile, coreografía y de imitación de diferentes personajes y animales.
El objetivo del taller fue fortalecer habilidades psicomotoras y comunicativas en los niños y las niñas desde su contexto, debido a que durante los primero encuentros ellos demostraban ser tímidos con los compañeros y poco participativos.
Igualmente, los talleres de espacio fueron actividades en las que los niños tenían un área determinada para realizar los movimientos; por ejemplo, las maestras dibujaban un círculo en el piso y los niños y niñas, sin salirse de la línea, debían correr, saltar y jugar para mejorar el sentido de la distribución espacial y dirección respecto de sí mismos y de los demás compañeros.
De igual modo, se llevaron a cabo, junto con los talleres de cuerpo y espacio, los talleres de voz en los que se manejaban diferentes técnica vocales con los niños durante las actividades; por ejemplo, a través de la pronunciación de frases cotidianas. La aplicación de los diferentes talleres se ejecutaba de manera intercalada por parte de las maestras en formación; es decir, una de ellas realizaba el taller y la otra tomaba el rol de observadora-participante.
Luego de dos meses de trabajar con este instrumento metodológico, cada niño y niña eligió autónomamente ser un artista en el circo4, autorreconociendo sus habilidades y fortalezas para asumir un cierto personaje y continuar ensayándolo en los encuentros.
Otro instrumento metodológico usado fueron los diarios de campo; estos eran usados como medio para registrar las experiencias más significativas durante los encuentros. Cada maestra realizaba una reflexión personal que luego, al terminar la sesión, era compartida; se analizaba y se dialogaba sobre las posibles soluciones a los problemas relacionados con los niños que ocurrían dentro del proyecto.
Se realizaban reflexiones como:
La señora Blanca me comentó que el papá de las niñas no las iba a dejar volver al proyecto, ya que Laura le había dicho que una niña en el encuentro anterior, mientras patinaba, le había dicho “china marica”. Ni la señora Blanca, ni nosotras sabíamos de lo sucedido, pero la señora Blanca le dijo al papá de las niñas que no podía dejar “botadas” a las profesoras y que hablaría con nosotras para dar solución a este acontecimiento. Me gustó la manera como nos defendió y respaldó delante del papá de las niñas; además, se demuestra el apoyo y la confianza depositada en nosotras y el proyecto” (D. C.).
Ante circunstancias como esta, mencionadas en los diarios de campo, se acudió al diálogo y a la reflexión, promoviendo la importancia del respeto y la tolerancia dentro del grupo para evitar la continuidad de estas situaciones en los encuentros.
Por otra parte, las entrevistas semiestructuradas eran aplicadas con padres de familia, niños, niñas y otros entes sociales, en las que se evidenciaron situaciones que ocurrían en el barrio y en los hogares de cada uno, conociendo algunas percepciones que tenían acerca de la comunidad; en ellas se realizaron las siguientes preguntas con el objetivo de conocer el tipo de relaciones sociales y afectivas que tienen los niños y las niñas con los vecinos.
-Maestra 1: ¿las niñas tienen muchos amigos en la cuadra?
Mamá 1: No, profe, yo no las dejo salir solas a ningún lado porque el barrio es muy peligroso; ellas salen pero conmigo no más y por eso no tienen amigos en la cuadra" (E. S).
O bien:
-Maestra 1: ¿Qué haces en tu casa cuando no estas
estudiando?
Niño 1: Nada, profe, yo juego en la calle con los vecinos y ya. No hago nada más (E. S.).
Durante la investigación se encontraron algunos hallazgos significativos a lo largo del proceso con niños, niñas, padres de familia y algunos entes sociales que participaron en la creación del circo social para lograr un tejido comunitario.
El primer hallazgo fue la dificultad para vincular a los niños y las niñas a la investigación, puesto que la falta de confianza y de credibilidad que sentían los padres de familia fue un obstáculo para dar inicio. Por esta razón, se acudió a la ayuda del sacerdote5 de la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, quien permitió que se invitara a los talleres por medio de unos volantes que se repartieron en la iglesia; sin embargo, esta estrategia dio pocos resultados, pues solo se inscribieron tres niños.
De esta manera, se propuso invitar y hacer inscripciones casa por casa con la ayuda del presidente de la junta de acción comunal6 y de los participantes ya inscritos. Los niños manifestaban conocer vecinos, amigos del barrio y del colegio que se podrían inscribir, y de ahí que ellos mismos fueron los que invitaron a los demás a participar en el proyecto.
Un segundo hallazgo fue la inasistencia continua de niños y niñas a los encuentros, lo que fue un factor que influía en el proceso; algunos no iban por la inseguridad del barrio o porque se les olvidaba, situación que llevó a las maestras en formación a asumir soluciones como hacer un seguimiento de asistencia o recogerlos en cada casa solicitando permiso de los padres de familia. Hay que mencionar, además, que algunos padres de familia, por el mal comportamiento y el bajo rendimiento académico de sus hijos, no los dejaban asistir a los encuentros; así lo demuestra la siguiente narrativa:
Mamá 2: Profe, mi hija no puede ir por que dejó caer al hermano; además ella se está comportando muy mal en la escuela.
El tercer hallazgo, fue el aprendizaje colaborativo, pues se fomentó y se reconoció la importancia de los compañeros en la construcción del personaje y del circo; por ejemplo, una de las narrativas evidencia este proceso.
Niño 2: Yo tengo unos zapatos que no uso, para ponerle a los zancos de él.
Niño 2: Profe, ¿cómo podré ensayar hoy, si hoy mi compañero no vino?... Pero voy ayudarle al de los zancos.
De esta manera, los niños y las niñas aportaban ideas y participaban para ayudar a la construcción del proyecto. También se puede afirmar que el circo social es un proceso en el que se fomenta la colaboración entre los integrantes, reconociendo la importancia de los compañeros para la creación de los personajes. Además, con el trabajo colaborativo se logró formar coreografías con diferentes objetos como patines, cariocas, hula-hulas y zancos, superando miedos, temores e inseguridades consigo mismos.
Por otro lado, una de las situaciones problemáticas que se presentaron en el proyecto fue el trabajo de las niñas en el personaje de las bailarinas en patines; durante los ensayos se presentaron desacuerdos y discusiones por la elección de la música la coreografía, debido a que una de las integrantes solo permitía la opinión propia y era muy difícil que admitiera y compartiera las diferentes perspectivas; entonces se recurrió al diálogo para obtener “negociaciones” entre ellas mismas y así lograr un mutuo acuerdo, como lo manifiesta la siguiente narrativa
Niña 2: Profe, mire, para que ella no se ponga brava por la canción, yo tengo una solución, nosotras salimos con una canción y luego suena la canción que ella quiere y hacemos el baile que ella quiere, iy listo!
El cuarto hallazgo, consistió en la participación activa de los niños y las niñas en diferentes espacios, demostrando un desarrollo en sus habilidades comunicativas y capacidades corporales; por ejemplo, fueron invitados a un evento del día del idioma en la Universidad de Cundinamarca, Seccional Girardot, donde fueron a la vez espectadores y protagonistas en la obra de teatro presentada por estudiantes de esta institución; esto demuestra la seguridad y la confianza alcanzadas dentro del circo social.
Con lo anterior se dio respuesta al primer objetivo planteado: fomentar la participación de los niños y las niñas como respuesta a la necesidad de crear tejido comunitario a través del aprendizaje colaborativo
Otro hallazgo relevante que se debe mencionar, fue el reconocimiento en valores como el respeto, la responsabilidad, la solidaridad, la autonomía y el compromiso que se fueron obteniendo poco a poco en el momento en que se asumieron los roles dentro de la construcción del circo; de ahí que los niños escogieran las rutinas y el vestuario para la presentación del espectáculo desde los gustos y las motivaciones de cada cual.
Se debe agregar que estos valores se evidenciaron mediante actividades comunitarias como la rifa y la venta de tamales, para lograr así beneficios para el grupo y resolver sus necesidades. De esta manera, el circo social se convirtió en un espacio agradable y acogedor para los niños y las niñas, donde se despertaron sentimientos y emociones a partir de la interacción con sus compañeros y con el entorno, y en el que se favoreció de manera natural el aprendizaje.
Habría que decir, también, que la mayoría de los padres de familia, con el tiempo, terminaron apoyando el proceso de sus hijos, lo que se evidenció, por ejemplo, en la colaboración de las madres de familia que asistían a cada encuentro, enriqueciendo enormemente el tejido comunitario.
Otro de los hallazgos fue la necesidad de recurrir a la ayuda de maestros con experiencia en las artes circenses, dado que no se contaba con el conocimiento sobre las disciplinas que se manejan en el circo, siendo esto necesario para su construcción; por tal motivo, el rol asumido por parte de las maestras en formación fue el de gestoras sociales pero, al mismo tiempo, aprendiendo junto con niños y niñas.
La motivación que llevó a presentar el circo social como proyecto comunitario y diferente, fue la necesidad de cambiar y proponer nuevas líneas investigativas en cuanto a la enseñanza y el aprendizaje, y, a su vez, reconocer otros espacios de formación fuera del aula de clases, a partir de la creatividad e innovación, donde los niños y las niñas fueran protagonistas de su aprendizaje.
Conclusiónes
A partir del análisis investigativo surgen conclusiones con respecto a la creación e implementación del circo social como estrategia de tejido comunitario.
El circo social se convierte en una estrategia de tejido comunitario debido a que permite la participación de los integrantes de la comunidad, en la que los niños y las niñas, a partir de la responsabilidad, el compromiso, la amistad con el otro y la exploración de habilidades corporales, logran cambios que influyen en los diversos aspectos personales y grupales; al mismo tiempo, aprenden a reconocer sus fortalezas y debilidades, lo que genera transformaciones en sus comportamientos y actitudes.
Además, cada integrante asumió roles y compromisos dentro del circo social y en las diferentes actividades que se planteaban, generando un espacio de respeto, confianza y diversión, que permitió evadir las dificultades y situaciones problemáticas que se presentan a nivel familiar, personal y comunitario. Asimismo, esto permite identificar las posibilidades de formación que cada uno tiene, logrando una habilidad artística, siendo de igual manera actores para la vida.
Por otro lado, se concluye que el tejido comunitario es un proceso de construcción permanente y transformador entre la comunidad y los niños. Para fortalecer los vínculos sociales, es necesario cambiar algunas estructuras mentales en los padres de familia que tienen sobre el concepto de aprender; para que reconozcan que el aprendizaje se puede dar en diferentes espacios y maneras. Sin embargo, esta es una propuesta que continúa fortaleciendo el tejido comunitario entre padres de familia, vecinos y el resto de la comunidad, independientemente de que las investigadoras estén en el campo de acción; por ende, se busca que el proyecto tenga una trascendencia en otros grupos de investigación a nivel local y nacional.
Al mismo tiempo, otros entes sociales que aportaron a la investigación participaron y apoyaron el proceso de construcción aportando los elementos de trabajo, la organización del montaje, el presupuesto para la producción del circo y la formación artística de los niños. La participación y el compromiso de los niños, el apoyo de los padres de familia, de vecinos y docentes, permitió concluir que el tejido comunitario se construyó, proceso que ha sido más amplio, más fuerte y más efectivo de lo esperado.
Igualmente, el fortalecimiento de las habilidades corporales y comunicativas de los niños y las niñas, se evidencia en las acciones artísticas que cultivaron durante el proceso y que quieren seguir practicando. Cada uno de los integrantes practicó con insistencia para llevar a cabo su personaje con calidad; sin embargo, este proceso no concluye. Cada uno de los integrantes encontró en este trabajo una habilidad que puede perfeccionar en otros espacios. De igual manera, los niños reconocieron sus fortalezas y las desarrollaron y también transformaron sus comportamientos y actitudes con sus compañeros.
Las diferentes actividades que se plantearon generaron espacios de confianza, respeto y diversión que disminuyeron la importancia que le dan a las dificultades familiares y de la comunidad en sus vidas.
Finalmente, cada integrante asumió un rol con compromiso y responsabilidad: asistieron a los encuentros, tuvieron un proceso de trabajo autónomo y disciplinado, buscaron alternativas y apoyo de sus familias para que los elementos del montaje, como el vestuario, el maquillaje, los zancos y los aros, entre otros, pudieran conseguirse.
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